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Pares y nones
Malorie Blackman

Dirigida por Julian Holmes, Koby Adom
Del papel a la pantalla El Templo#80 (febrero 2021)
Por Daniel Renedo
529 lecturas

Pares y nones se publicó por primera vez en España en 2009 bajo el título de Blanco y negro, ocho años después de su publicación original en Reino Unido, en 2001. Ahora, cerca de la publicación del que será el sexto y último libro de la saga, Destino la rescata al completo.

Previa a la adaptación de la BBC del 2020 —que en España podemos disfrutar gracias a HBO—, Pares y nones ya había traspasado formatos (y fronteras): fue convertida en obra de teatro y estrenada en 2007, con un jovencísimo Richard Madden en el papel de Callum McGregor, y fue también adaptada, en 2015, a novela gráfica.

La primera novela de la saga escrita por Malorie Blackman es un retelling de Romeo y Julieta que se ambienta en el presente en una Inglaterra que ha tenido una historia distinta a la que conocemos. En ella, los Pares (las personas negras) y los Nones (las personas blancas) conviven, pese a que el poder siempre haya residido y resida en manos de los primeros; ejemplo de ello es la ya abolida esclavitud de los Nones, cuyos efectos aún perduran en la sociedad. Sephy Hadley —la hija de un destacado político Par— y Callum McGregor —el hijo de la cuidadora de Sephy, cuando esta y Callum eran pequeños— cometen el «error» de enamorarse, y el resto es pura tragedia.

La serie, en la que encontramos a Jack Rowan —más conocido quizá por su papel recurrente en Peaky Blinders— en el papel de Callum y a Masali Baduza en el de Sephy —en su primer papel protagonista—, empieza de forma bastante distinta a la novela: con una escena en la que presenciamos la brutalidad policial Par ejercida sobre un grupo de jóvenes Nones. Pero la diferencia en la presentación va mucho más allá, puesto que la serie prescinde de los saltos temporales de la novela posteriores a la escena inicial, en la que Sephy y Callum tienen diez y doce años respectivamente. El primero de estos es un salto temporal de tres años hacia adelante, momento en el que el Instituto Heathcroft empieza a admitir a alumnos Nones y en el que permanecemos durante toda la primera mitad de la novela. Así pues, si Callum no alcanza los dieciocho hasta que la novela está bastante avanzada, en la serie, ambos protagonistas rondan dicha edad —Sephy se prepara para entrar en la Universidad Mercy Point y Callum entra a formar parte de la Academia Militar de Albion—, y toda la acción que en el libro se expande durante casi una década ocurre en un único año.

La primera temporada —que adapta el primer libro únicamente— no solo nos permite ver con nuestros propios ojos el racismo invertido —«Te das cuenta de que has estado toda tu vida respirando ese veneno»—, sino que nos hace preguntarnos qué hemos visto en los medios y la televisión todo este tiempo: han tenido que pasar veinte años para que Pares y nones tenga un hueco. Esta es una adaptación que cuenta con un extenso reparto de actores y actrices racializados en papeles protagonistas y secundarios —cabe destacar a Paterson Joseph en el papel de Kamal Hadley, padre de Sephy— y una banda sonora compuesta por artistas racializados; grabada en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, —con su arquitectura local como escenario— por dos directores, también racializados, a su cargo, y ya «solo» eso es un gran punto a su favor.

Ahora, lo que más nos ha gustado de la serie es que muestra las trabas con las que se encuentran las parejas interraciales y las personas nacidas de estas, así como el machismo también existente en esta sociedad alternativa. Además, la serie, al igual que la novela, no se achanta en reflejar la violencia que nace del racismo.

Los problemas vienen, no obstante, cuando nos paramos a considerar las decisiones en cuanto a adaptación se refiere, y no hablamos, en este caso, de que sea más o menos fiel. Uno de los principales puntos lo dejábamos entrever antes: el tiempo en el que transcurre la historia original. El segundo punto está en estrecha relación con este, y tiene que ver con que no hemos de olvidar que la fuente que la historia readapta es una tragedia y, en consecuencia, todos los elementos que Blackman introduce cuidadosamente en la novela funcionan como engranajes de eso mismo y están destinados a sustentar los arcos de una serie de personajes. En resumidas cuentas, no sirve de nada conservar hechos «significativos» de la trama si los personajes son, en esencia, distintos. La serie vuelve una y otra vez a puntos y hechos concretos (y reconocibles) de la novela, y los encaja dentro de su propia narrativa, como buenamente puede.

Con un regusto agridulce, quedamos a la espera de la segunda temporada, que ya está confirmada, pero sobre la que esta vez no nos atrevemos a conjeturar, especialmente si tenemos en cuenta que el resto de los libros de la saga se sustentan en la repercusión de todo lo ocurrido en el primero. Cabe destacar, eso sí, que Destino acaba de publicar el segundo volumen, El color del odio, inédito hasta el momento en castellano, y suponemos que el tercero no se hará mucho de rogar.

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