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Y entonces nos perdimos
Ryan Andrews

Astronave
La Comicteca de El Templo El Templo#79 (diciembre 2020)
Por Ricardo Cuesta
857 lecturas

Cada año, durante la noche del equinoccio de otoño, todo el pueblo se reúne a la orilla del río para lanzar farolillos al agua. La leyenda dice que recorrerán el cauce para terminar ascendiendo al cielo nocturno y conformar el firmamento. Con la única intención de saber el verdadero destino que corren las lucecillas, Ben y sus amigos se embarcan en un viaje en bicicleta a lo largo del arroyo con dos únicas condiciones: nadie mira atrás y nadie vuelve a casa.

El pacto tarda poco en romperse: uno a uno los amigos van abandonando el plan hasta dejar solos a Ben y Nathaniel, que casualmente nunca habían terminado de congeniar. Llegados a este punto, tendrán que apartar sus diferencias para perderse en una aventura que escapa de los límites de su imaginación.

Con una notable inspiración en las películas de animación niponas, Y entonces nos perdimos aprovecha la cotidianidad de un paseo en bici y una tradición popular para contarnos una historia preciosa. Fantasía y realidad se difuminan con maestría en una novela en la que el interés del desenlace es nimio en comparación con todo lo que sucede hasta entonces. La historia se divide claramente en varias escenas, en su mayoría marcadas por enseñanzas tanto para el lector como para los protagonistas, que van forjando su amistad en cada página. Si bien en todo momento predominan los tonos azules, en algunas situaciones destaca una gama cromática diferente: rojos, amarillos, grises o negros son algunos de los colores que Ryan Andrews utiliza y que hacen aún mas marcada la distinción entre las escenas. A pesar del gran valor visual que aporta este estilo, es quizá el mayor lastre de la novela, pues resta continuidad a la lectura al presentar unos hechos que parecen inconexos.

Este pequeño detalle queda eclipsado por la belleza que esconde cada una de las páginas. Es notable el cuidado con el que están hechas las viñetas, con un diseño de paisajes precioso, unos personajes cautivadores y un uso de las luces y sombras sorprendente.

Una conmovedora historia sobre esa fantasía que se nutre de la ingenuidad de los más jóvenes, la amistad y el descubrimiento de uno mismo que, sin duda, nos ha encantado.

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