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Hay cosas que no se pueden contar
Kirsten Boie

Siruela
Reseñas de novedades El Templo#60 (octubre 2017)
Por Víctor Heranz
2.870 lecturas

Antes de nada, coge un mapamundi y dirígete al pico inferior del continente africano. Verás un gran país, Sudáfrica, que, como si fuera la uña del dedo pulgar, lo cubre. Pero en su interior hay dos pequeños círculos de los que pocas veces oirás hablar en las noticias. Hoy, vamos a conocer la historia de cuatro niños que viven en el más oriental: Suazilandia.

Thulani quiere ir a la escuela, pero para ello necesita el certificado que demuestra que sus padres han muerto, pues esta es la única forma de no tener que pagar la matrícula. La madre de Sonto ha muerto y solo le queda un libro con sus recuerdos. El niño lleva a su hermana a la clínica, para que ambos se hagan las pruebas que demuestren si tienen la enfermedad que se llevó a su madre. Thuli viaja hasta la gran ciudad para vender su esterilla, porque su hermana necesita unos zapatos nuevos para poder ir a la escuela. El problema es que nadie quiere comprársela, quieren otra cosa. Por último, Sipho observa a su abuela, impasiblemente detenida frente a la puerta de su casa. Ojalá no se hubiera enfadado aquella noche, piensa, ojalá hubiera ido a por el agua…

El gran acierto de Hay cosas que no se pueden contar es la sencillez tanto en lo formal como en el tono con el que su autora nos introduce en una sociedad y culturas desconocidas. Cuatro escenas cotidianas que para nosotros resultan estremecedoras forman este tapiz literario rematado por el quinto protagonista de la antología: Suazilandia. Boie conoce a la perfección lo que retrata y se aleja, aunque no del todo, de una visión occidental de la situación.

VIH, prostitución, muerte. Pero también familia, amistad y amor. Madres que aman a sus hijos, luchas por una vida mejor, hermanos que recorren kilómetros por una vacuna. Los cuatro relatos enfrentan la dolorosa situación del país con la esperanza que reside en las personas que día tras día tratan de construir un futuro.

Tras ese título tan sugerente, Kirsten Boie ha modelado una escultura de cuatro rostros marcados por el dolor. Son testimonios difíciles de leer, no cabe duda, pero Hay cosas que no se pueden contar refleja todo aquello de lo que deberíamos hablar a diario y que mantenemos oculto por vergüenza o desconocimiento

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