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Los niños de la viruela
María Solar

Anaya
Reseñas de novedades El Templo#57 (abril 2017)
Por Gabriela Portillo
4.962 lecturas

Madrid, 1803. Una comitiva de médicos de la corona, liderada por el famoso doctor Balmis, parte a Galicia con un ambicioso plan, seis huérfanos y mucho en juego. Portan la vacuna contra la viruela, epidemia mortífera que asola el mundo.

Mientras tanto en A Coruña, todos menos el doctor Posse Roybanes viven ajenos a esta realidad. A la de la vacuna, porque la viruela convive con su día a día, tanto que algunos, como Inés, la han padecido en sus propias carnes. Por culpa de la viruela, Inés se quedó huérfana, y fue a parar al hospicio donde conoció a Ezequiel, Clemente y otros muchos expósitos. Ellos, junto con la rectora María Zendal, tomarán un papel decisivo en el proyecto de Balmis.

No lo saben, pero el doctor Roybanes colabora con la comitiva para llevar la vacuna a las Américas, y para ello necesitan a los huérfanos: se les inoculará el virus y, brazo a brazo, la cadena se mantendrá en precario equilibrio a través de una travesía que los llevará al Nuevo Mundo.

Por disparatada que pueda parecer la premisa, sucedió en la realidad: más de veinte niños españoles se embarcaron en la expedición para erradicar la viruela. Aunque tuvieron que hacer frente a numerosos contratiempos (la oposición de los más devotos, el reto de transportar tantos niños en un barco, el peligro de enfermar...) parece que tuvieron éxito, puesto que en 1980 la viruela se declaró erradicada.

Gran parte del mérito lo tuvieron estos valientes —médicos, niños y rectora— que arriesgaron sus vidas por la causa. Los protagonistas que aparecen en la novela son reales; la autora mantiene sus nombres en un claro homenaje. María Solar consigue transmitirnos el cariño y cuidado con el que ha tratado este hecho histórico, mediante la creación de personajes entrañables y una ambientación cuidada al detalle.

Si bien es cierto que la novela se centra en los preparativos del viaje y nos deja con la miel en los labios en cuanto al desarrollo de la expedición, funciona al presentarnos de forma pausada esta hazaña de la medicina, permitiendo que cale hondo la magnitud de la empresa. Solo por saber más merece la pena leer este libro. Si además le sumamos las exquisitas ilustraciones de Beatriz Castro, la lectura se convierte, una vez más, en una potente vacuna contra la ignorancia.

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