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El último grito
Courtney Summers

La Galera
Reseñas de novedades El Templo#78 (octubre 2020)
Por Carlota Echevarría
391 lecturas

Nadie cree a Romy Grey.

Kellan es el hijo del sheriff, es guapo y popular, es un buen chico, y Romy llevaba tiempo detrás de él. Un buen chico no puede ser un violador. Así que Romy es una mentirosa.

¿Debería haber ido a la comisaría a denunciarlo? Vive en un pueblo pequeño y la familia del sheriff es muy influyente. Pensó que si denunciaba, le harían la vida imposible, y tenía razón... pero le han hecho la vida imposible de todas formas. En el instituto sufre todo tipo de acoso, incluso por parte de sus antiguas amigas. Se ha corrido la voz. Es una paria.

Romy sigue adelante como una autómata. Algunos días siente que está mejor y otros no es más que una cáscara vacía, una piel que se mueve. Entonces llega la fiesta del lago, la noche en la que no importa que todos sean menores de edad porque los adultos vuelven la vista hacia otro lado. Romy no tiene intención de ir, y sin embargo...

Hay momentos en la vida (y en la ficción) en los que la elección correcta está clara, y momentos en los que nos enfrentamos a dos caminos y ambos son malos. Es fácil empatizar con Romy, que vive esta situación imposible; incluso cuando toma malas decisiones podemos comprenderla porque ¿qué importancia tienen las buenas decisiones cuando has perdido la esperanza?

Courtney Summers va recomponiendo los hechos a fragmentos, desplegando la historia de un modo absorbente. El texto es duro porque la trama lo requiere; Summers no endulza la realidad, pero tampoco se regodea en la miseria, logrando el equilibrio perfecto en la narración del drama. No todo es trágico: la situación familiar de Romy ha mejorado, tiene un trabajo en el que se siente a salvo... no sabemos mucho de su vida anterior ni llegamos a conocer a fondo a los personajes, pero estas pinceladas son suficientes para hacer la lectura más llevadera.

El último grito nos invita a reflexionar, pero no sobre Romy y sus decisiones, sino sobre los demás. ¿Cómo permitimos la existencia de una masculinidad tóxica que genera individuos como Kellan? ¿Cuántas veces hemos opinado lo mismo que todos porque no nos hemos molestado en indagar? ¿Seríamos capaces de ponernos del lado de Romy?

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