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 ENTREVISTA 

Alba Quintas

El Templo #60 (octubre 2017) por Víctor Heranz


«La pregunta fundamental a la hora de escribir una novela no es sobre qué escribir sino el cómo lo escribes. Ahí es donde realmente reside la magia».

Alba Quintas es uno de los nombres más prometedores de la literatura juvenil. Con su primera novela, Al otro lado de la pantalla, ganó el premio Jordi Sierra i Fabra y quedó finalista en los Templis, donde también fue nominada por La chica del león negro, finalista del Premio Plataforma Neo. Con veintitrés años se ha hecho un hueco más que notable en el panorama gracias a su buena prosa y lo rompedor de los temas y situaciones que recrea.

Irrumpiste con fuerza en el panorama literario con tan solo dieciocho años al ganar el premio Jordi Sierra i Fabra con Al otro lado de la pantalla. ¿Cómo fue para ti publicar tan joven?

Es un poco locura, porque con el Jordi entras en lo que sería un poco tu sueño como escritora, SM: has crecido leyendo los libros de Barco de Vapor o Gran Angular. Y de repente parece que formas parte y que has llegado, pero en realidad no. Eso es algo en lo que Jordi siempre hace mucho hincapié cuando ganas su premio: no te creas que está todo hecho porque acabas de empezar y probablemente no hayas conseguido gran cosa si a partir de ahora quieres labrarte una carrera como escritora. Has abierto una pequeña rendija de la puerta, pero tienes que dar un empujón. Por otra parte, una vez lo piensas (y eso es algo que a mí me pasa mucho ahora) te queda el nervio de que si has empezado tan joven te vas a quemar muy pronto. Para alguien como yo, que quiere dedicar su vida a esto, es complicado empezar tan joven, porque parece que tienes menos margen para desarrollarte a largo plazo. A mí me resulta difí- cil. Tienes que tener unos parámetros y unos valores muy claros, y todavía sigo lidiando con ello. Pero también es una experiencia maravillosa, no me voy a quedar solo con lo malo.

En Al otro lado de la pantalla analizas el bullying en una historia realista con un instituto como telón de fondo, algo que volverías a hacer en La flor de fuego. ¿Es la primera un antecedente de la segunda a nivel temático?

Si hay algo que descubrí con Al otro lado de la pantalla y que luego llevé al extremo en La flor de fuego, es mi gusto por el realismo y por lo que yo creo que debería ser la novela juveni: algo que tiene un componente muy social, muy de denuncia; muy de estudio de las formas de vida de los jóvenes, de los problemas a los que se enfrentan ahora; de psicología. Y me refiero a psicología compleja, en lo que sería la psicología de los mal llamados millennials. Porque estoy harta de los artículos de El País sobre los millennials, no puedo más. Siempre digo que toco todos los gé- neros y que realmente no me gustaría quedarme en uno solo, pero lo que más me gusta escribir es realismo. Probablemente Al otro lado de la pantalla y La flor de fuego sean los dos libros que más he disfrutado escribiendo. Y mis personajes favoritos de todos los que he escrito están allí.

En esta primera novela presentas una historia contada desde siete puntos de vista distintos. ¿Por qué decidiste hacer esta estructura en lugar de una más sencilla y quizá más acorde a tu edad?

Tampoco lo pensé mucho. Si te soy sincera, ahora veo que Al otro lado de la pantalla es una de las estructuras narrativas más conseguidas de todas las que he escrito, incluso más de las de libros posteriores; es mucho más compleja. Pero por aquel entonces para mí escribir era como un juego; todavía tiene mucho de juego, y la parte en la que más me gusta jugar es en las estructuras narrativas. Con el paso de los años me he dado cuenta de que tengo cierto gusto por las estructuras más fragmentarias. Pocas veces hago un orden cronológico, más en novelas de fantasía, pero para escribir realista no me gusta, porque creo en representaciones de la realidad fragmentadas, y no solo de una realidad: creo en muchas realidades, y me parece que la ficción debería reflejarlas. Pero sí, por aquel entonces era puro juego, puro interés por ver cómo podía contar una historia desordenándola cronológicamente, cómo podía enfocar los distintos personajes. Porque una historia de acoso escolar la han contado muchas veces; no vas a ser original con el argumento, como vas a ser original es en la forma de contarla. Para mí, la pregunta fundamental a la hora de escribir una novela no es sobre qué escribir (porque en eso hay poca originalidad ahora mismo, aunque sea una pregunta importante) sino el cómo lo escribes. Ahí es donde realmente reside la magia, en la forma de enfocarlo.

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