El Gato Templario

ÚLTIMO NÚMERO

Último número

ENTREVISTAS

Leigh Bardugo, autora de Sombra y Hueso y Seis de cuervos
Carlo Frabetti, autor de Malditas matemáticas y Calvina
Leer más...

RESEÑAS

Spellslinger (Spellslinger I) Sebastien de CastellNimona Noelle StevensonLa noche de los judíos vivientes Igor OstachowiczEl Matarife Fernando LalanaRan y el mundo gris Aki IrieLa sonrisa de los peces de piedra Rosa Huertas
Leer más...

¿QUÉ TE APETECE LEER?

Cuéntanos qué quieres leer y el Recomendador te dirá qué libros encajan con tus preferencias.

Jerebeque ¡PRUÉBALO! Jerebeque

 ENTREVISTA 

Alfredo Gómez Cerdá

El Templo #6 (octubre 2008) por El hombre que leía demasiado


Alfredo Gómez Cerdá es uno de los grandes autores de literatura infantil y juvenil de nuestro país. Casi tres décadas de carrera literaria, más de ochenta obras publicadas, prestigiosos premios literarios y, sobre todo, el cariño de miles de lectores, avalan su trabajo. ¿Quién no conoce títulos como Pupila de águila, Noche de alacranes, Con los ojos cerrados o La puerta falsa? Alfredo lleva ya mucho tiempo enganchando y apasionando a los jóvenes con sus historias, y todo indica que no va a parar, al menos por el momento. Sus últimos triunfos: el premio Ala Delta de literatura infantil por Barro de Medellín, y el premio Cervantes Chico, concedido por los libreros y el ayuntamiento de Alcalá de Henares a su trayectoria literaria. Su nuevo proyecto: Autobiografía de un cobarde, que acaba de salir en la colección Alerta Roja de Gran Angular. Alfredo ha tenido la amabilidad de respondernos a diversas cuestiones sobre su obra y su técnica literaria. ¡Sigue leyendo si quieres saber más!

Usted escribe literatura infantil y juvenil, ¿podría decirnos dónde se encuentra la diferencia? Porque hay muchas novelas que están un poco a medio camino entre ambos (sobre todo las de la franja 11-13). Cuando escribe una novela, ¿sabe para qué edad específica es? ¿O es algo que decide el editor? ¿Se ha llevado alguna sorpresa con algún libro suyo?

Es más fácil establecer una diferencia entre la literatura infantil y la juvenil, que entre la juvenil y la adulta. Da la sensación de que lo infantil puede acotarse mejor, comenzaría cuando el niño empieza a leer, o incluso antes, cuando alguien le lee o le cuenta algo, y termina en torno a los doce años. Esa franja que señaláis (once a trece años) es evidente que tiene algo de fronteriza y dependerá de la madurez de cada lector para colocarse a un lado o a otro. A la hora de escribir nunca pienso en la edad exacta de los posibles lectores, pero sí es cierto que cuando escribo un libro infantil tengo claro que es infantil, cosa que no me ocurre con las novelas para jóvenes. A veces los editores han “subido o bajado” la edad de lectura de alguno de mis libros, en relación con lo que yo había pensado previamente, pero es algo que no me preocupa. También tengo que decir que, en algún caso, libros que habían sido colocados en una franja de edad, con el paso del tiempo los propios editores han decidido cambiarlos, porque se dieron cuenta de que los habían situado mal. Un escritor no debe pensar demasiado en la edad de los lectores. Creo que ni a los niños les gustaría que escribiésemos pensado en si tienen ocho, diez o doce años.

Nos ha parecido curioso que la mayor parte de sus libros fantásticos son infantiles (incluso Menguante, pese a estar publicado en una colección juvenil, tiene un tono más infantil). ¿A qué cree que se debe? ¿Acaso a los jóvenes (de 13 años en adelante) les cuesta más entrar en lo fantástico?

Muchos críticos que han analizado mi obra han coincido en una cosa: la variedad. Me encanta explorar diferentes caminos. A veces me he movido en el realismo y otras veces en la fantasía, y también me gusta el camino intermedio, donde ambas cosas se dan la mano. Menguante tiene “un tono más infantil”, como decís, pero creo que es un libro con muchas lecturas detrás y con una carga crítica y satírica importante hacia comportamientos de nuestra sociedad, en la que ni siquiera un escritor, como el protagonista, sale bien parado. Menguante es una parodia de muchas cosas, entre ellas, la literatura fantástica. El beso de una fiera o El archipiélago García son libros para jóvenes donde también hay dosis de fantasía. Lo que ocurre es que a mí la fantasía por la fantasía no me atrae. Suelo hacer un matiz entre fantasía e imaginación y, por supuesto, me quedo con la imaginación. La imaginación se puede aplicar incluso a la vida cotidiana. Me gusta que la literatura, como decía Sábato, explore la condición humana, y eso me hace en muchas ocasiones fijarme en los problemas que nos rodean, en las angustias y en los sentimientos profundos de las personas, en este caso de los jóvenes. Pero tengo la sensación de que en este momento los jóvenes de trece años en adelante prefieren la literatura fantástica, en muchos casos de pura evasión. Ahí están las cifras de ventas y el aluvión de literatura fantástica. 

Usted lleva ya muchos años visitando colegios e institutos y manteniendo encuentros con sus lectores. ¿Cómo suelen ser esos encuentros? ¿Ha notado cambios en los chavales de las nuevas generaciones? También sabemos que ha viajado a otros países, como Colombia (donde se desarrolla la novela Barro de Medellín), ¿qué diferencias ha encontrado entre los jóvenes de aquí y los de allí?

Hace veinte años ir a un colegio o instituto era un acontecimiento para el centro, y esto se notaba mucho en la actitud. Hoy se está convirtiendo en una rutina y eso degrada la calidad. Además, algunos profesoras se limitan a animar a leer prometiendo a los alumnos la visita del escritor. Es un disparate. La animación a la lectura debería ir por otro camino, y la visita del escritor solo sería un peldaño más. Pero, dicho esto, tengo que reconocer que me gustan los encuentros, que son enriquecedores para ambas partes y que siempre encuentras a alguna persona (niño o joven) por la que merece la pena seguir haciéndolos. En Colombia lo que se nota es esa diferencia de actitud a la que me refería al principio. Allí te reciben con los brazos abiertos, te agasajan, te cantan canciones, te dedican bailes y poemas, te transmiten su mundo y sus ilusiones y luego se produce el encuentro. Están deseosos de saber y de aprender. Son como esponjas. Es una actitud que también pude comprobar en los adultos. Allí hay muchas cosas por hacer, todo está en ebullición y efervescencia.

Si tuviera que recomendar una de sus novelas a un joven al que no le gustara leer o que no hubiera leído nada suyo, ¿qué título le diría? ¿Y por qué?

Ya lo he hecho a veces, y ha funcionado. Le recomendaría Pupila de águila. No sé qué tendrá esa novela, pero gusta a la inmensa mayoría de los lectores, que además no la olvidan. Me estoy encontrando a personas (algunos profes también) en torno a los treinta años, que leyeron el libro hace quince, y que me hablan de él, de lo mucho que les impactó. Por ese motivo –la experiencia de muchos lectores- lo recomendaría para empezar. Luego, hablaríamos de otros títulos.

Volver arriba

¿QUÉ DICEN NUESTROS LECTORES?

Yelila Santini en Lo que vi y por qué mentí: Los últimos capítulos son intensos. No puedes dejar de leer. Me g... Leer comentario

Priscilla en El diablo en el juego de rol: ¡Hola! Ha sido una de mis últimas lecturas. Y, en ve... Leer comentario

Rosa en Un monstruo viene a verme: Yo vi este libro en una película, pero en el cine, y me encantó, ... Leer comentario

Jimena en La Emperatriz de los Etéreos: Bueno, el libro me pareció bueno, pero hasta ahí. Diré lo que me ... Leer comentario

Carlos Gaytan en La ladrona de libros: Excelente libro, cada capítulo es una nueva historia que te atrap... Leer comentario

Cristina en Alas para un corazón: Una narrativa sencilla y a la vez muy profunda. Este libro es un ... Leer comentario

ÚLTIMAS NOVEDADES EN EL CATÁLOGO
#CITASCALLEJERAS
ÚLTIMO NÚMERO