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 ENTREVISTA 

Andreu Martín

El Templo #4 (junio 2008) por Carlota Echevarría


El autor de las populares aventuras de Flanagan ha sido entrevistado en exclusiva para El Templo. ¡No te lo pierdas! Este mes hemos podido entrevistar a Andreu Martín, que nos ha contestado a algunas preguntas acerca de su obra, de la literatura en general y de sus hábitos de escritor. Porque Andreu Martín es mucho más que Flanagan.

Siempre que se habla de Andreu Martín, se habla de novela negra, pero es obvio que el humor es una parte importante de tus novelas que, en mayor o menor medida, ha contribuido a su éxito. ¿Eres consciente de ello y empleas el humor como medio para acercar la novela negra al público?

Tomé conciencia de la importancia del humor en la literatura cuando empecé a escribir novelas con Jaume Ribera, que tiene mucho sentido del humor y es muy sabio a la hora de dosificarlo. Trabajando juntos, nos reíamos mucho y las bromas o los gags se transmitían al texto y descubrimos que eran un valor añadido muy aplaudido por el público. No obstante, como mi aproximación a la literatura siempre ha sido desde la óptica lúdica, o de la distanciación brechtiana, creo que desde el principio hubo una mirada irónica en mis novelas, incluso en aquellas más dramáticas.

En algunas de tus entrevistas hemos leído que opinas que la novela negra es un género olvidado en España. ¿Podrías recomendar algún título a nuestros jóvenes lectores?

En los últimos años, en el ámbito de la novela negra creo que ningún libro me ha impactado tanto como Deuda de sangre de Michael Connelly. Sin embargo, Sé que mi padre decía, de Willy Uribe, es una de las mejores novelas negras que se han publicado últimamente en España, donde mejor se describe la vida en Euskadi en el día de hoy.

Tus novelas están llenas de datos relativos a la policía, de vocabulario específico. ¿Cuánto de ello es real y cuántoinventado? ¿Cómo te documentas?

Me documento hablando con policías, con jueces, con abogados, con periodistas especializados, leyendo... Pero hay que considerar que, cuando la vida real se convierte en literatura, aunque esa literatura se pretenda reportaje fiel a los hechos, hay demasiadas interferencias como para que podamos decir que es real. La personalidad del autor, sus convicciones políticas, su entorno, sus ideales, su concepto de la literatura influirán sobremanera en el resultado. Igual como cinco testigos de un mismo incidente callejero darán cinco versiones distintas de él, la objetividad es imposible en la descripción de unos hechos, máxime si uno pretende crear ficción (algo inventado, o sea una mentira). Afortunadamente para los lectores, los delincuentes de las novelas no se expresan como los de la vida real, por mucho que el autor pretenda que sí. No he conocido a ningún delincuente real que ordene bien el sujeto, verbo y predicado. A veces, ni siquiera los abogados son capaces de ello.

Además de novelas, has escrito cómics y guiones. ¿Cómo crees que ha influido eso en tus novelas? ¿Es muy distinto trabajar en unas cosas o en otras?

Yo aprendí a escribir con el cómic y por eso no quiero renegar de él, de ninguna de las maneras. Escribir un guión de cómic significa que eres consciente de que el 75% de tu texto (las descripciones de personajes y ambientes, los movimientos de los personajes, los gestos y muecas significativos, modos de vestir, etc.) no lo va a leer más que una persona: el dibujante. Eso compromete muy poco al escritor, que sabe que ese texto literario no será juzgado por el público y le da una soltura, un desparpajo a la hora de expresarse que seguramente no adquiriría si se lanzara a escribir novela desde el primer día. Lo único que va a leer el público son los bocadillos, es decir los diálogos, y éstos han de ser concisos, contundentes y eficaces, porque se dispone de poco espacio. Así es como se configuró mi estilo literario y eso es lo que debo al cómic.

Principalmente has escrito novela negra e histórica. ¿Son tus géneros favoritostambién a la hora de leer? ¿Por qué esos y no otros?

Aprendí a disfrutar de la literatura con la novela negra, en mi adolescencia. En ella se conjugaban perfectamente el afán de juego de la infancia (resolver un enigma, la emoción del suspense, la persecución de policías y ladrones...) con el análisis crítico de la sociedad y la posibilidad de exorcizar miedos viéndolos plasmados en un texto (necesidades tan adolescentes!). Respecto a la novela histórica, no soy un gran lector de este género porque la mayoría no me gusta. Los autores suelen caer en la necesidad de exhibir sus vastos conocimientos y eso les hace perder de vista que están contando una historia que debe tener una coherencia.

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