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Sarah Dessen, autora de El fin de la historia, Déjate llevar y Primero pide perdón
Clara Cortés, autora de Clementine y Al final de la calle 118.
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Entrevista a...

Clara Cortés

El Templo #76 (junio 2020)
Por Marta Álvarez
219 lecturas
Clara Cortés se inició en el mundo de la publicación a los dieciocho, se estrenó como escritora cuando su obra Al final de la calle 118 ganó el III Premio La Caixa / Plataforma. Cinco años después, está a punto de publicar su quinta novela, Somos astronautas (5 de noviembre de 2020) que abordará, como el resto de su trabajo, temas de diversidad social y salud mental. Además de escribir, Cortés también se dedica a la ilustración, y combina ambas pasiones en sus cómics, que comparte gratuitamente en la web Tapas.

Además de escritora, desde hace un año también trabajas como librera. ¿Cómo ha influido tu experiencia como autora en tu vida en la librería y viceversa?
¡Creo que me ha ayudado mucho! Ser escritora me ha ayudado a ser librera ya no sólo por los libros que podía conocer de antemano por ser escritora (que no eran tantos, realmente), sino porque la pasión que siento por las historias hace que se transmita cuando recomiendo libros a los clientes, y eso es muy importante. Por otro lado, la cantidad de títulos que estoy descubriendo como librera (y que tengo que conocer más o menos a fondo si quiero saber cómo venderlos) me está abriendo el apetito para probar cosas nuevas a la hora de escribir, y eso me encanta.

Empezaste a publicar con tan solo dieciocho años. ¿Cómo crees que ha evolucionado tu forma de contar historias desde entonces?
Pues la verdad es que creo que, aunque escribo con las mismas ganas y creo que tengo el foco puesto en el mismo tipo de historias (algunos proyectos que tengo actualmente se me ocurrieron entonces, si no antes), mi forma de escribir es más limpia. Las palabras me llegan más rápido y eso ha ayudado a mi agilidad y, además, sé cómo cambiar de un tono más «grave» a uno más relajado según la historia mejor que antes. ¡Supongo que es la práctica! Al final, cuando empecé a publicar estaba aún haciéndome a lo que sería mi estilo, y ahora creo que lo tengo ¿bien integrado?

La denuncia social sigue siendo una constante en tu obra: prostitución (Al final de la calle 118), relaciones tóxicas (Clementine), maltrato doméstico (Cosas que escribiste sobre el fuego). También das voz a personajes de todo el espectro LGBT+. ¿Cuál crees que es (o debería ser) el papel de la literatura juvenil como método de concienciación social?
Me parece que está claro que en la sociedad de hoy en día hay muchísimas lecciones pendientes que por la razón que sea no se tratan y, aunque apoyo con toda mi alma la literatura de «desconexión», me parece que la de «conexión» (con el mundo, con esas realidades que por mucho que mires a otro lado van a seguir ahí) es fundamental para el momento vital que cubre la literatura juvenil. Ya no sólo porque sea durante la adolescencia cuando se forman los sistemas de valores, la forma de ser, etc., sino porque es una etapa de transición bastante confusa donde prima la independencia y la falta de respuestas es bastante grande. Si tenemos dudas y nadie nos las resuelve, que los libros nos ofrezcan algunas respuestas me parece precioso.
No sé, ahora mismo pienso, por ejemplo, en lo que está pasando ahora con el movimiento Black Lives Matter y cómo hay libros (como El odio que das) que hablan del tema desde la voz de una protagonista adolescente negra y escrito por una autora negra; me parece muy buena forma de empezar a entender lo que está pasando y, después, informarse más a fondo. ¿Quién nos ha hablado a nosotros de racismo antes? ¿Lo ha hecho alguien en el colegio, cuando al menos en mi caso no había ningún docente negro? ¿Lo ha hecho alguien en la tele, cuando ahora mismo no me viene a la mente ningún presentador o protagonista de serie no-blanco? No es como si el racismo no ocurriera en España (me río en la cara del que lo diga, porque JA), pero nadie nos habla de él... excepto algunos libros, que de forma «inocente», de repente, son ventanas a situaciones que nadie de nuestro entorno quiere mencionar (como tú has dicho, prostitución, salud mental... ¿a ti te hablaron de salud mental en el insti? Porque a mí no, ni cuando la necesité).

La salud mental es otro de los pilares temáticos de tus historias. Eres graduada en Psicología, y nos consta que lo aprendido en el aula te resultó especialmente útil para escribir las sesiones de terapia que aparecen en Clementine. ¿Podrías hablarnos de esta experiencia?

La verdad que escribir Clementine fue uno de los procesos más bonitos que he vivido (¡y me encantaría que se repitiera, pero lo dudo!). Es la historia que más rápido y fácil ha salido, porque estaba en clase y las ideas simplemente... venían. Verás, la carrera para mí no fue ningún camino de rosas, ni tampoco lo que me esperaba, pero de repente aterricé en tercero con una profesora argentina que se saltaba todas las pautas que habíamos seguido anteriormente (vaya, que no daba la misma corriente psicológica que daban en el resto de asignaturas) y se me abrió la mente. Hablaba de relaciones madre-hija y los personajes vinieron solos, hablaba de transferir un tipo de relación a distintas personas y yo fingía que tomaba apuntes pero estaba escribiendo. Y después, cuando acabó el semestre, me fui de Erasmus y resultó que en mi universidad de destino también daban cosas de las corrientes que me habían fascinado tanto, y hacíamos role playing para practicar las entrevistas y, cuando me tocaba ser paciente y actuar como tal, era Clementine. Porque tenías que contar una historia y que el «terapeuta» te ayudara, y ¿qué historia conocía yo mejor que la de la chica cuyos problemas y relaciones había desarrollado tan a fondo en mi otra clase? Así que así fue escribirla: el principio de la historia en España y la resolución en Polonia, y todo salió súper rodado porque conocía a Clementine casi más que a mí misma.

En Pájaro azul se reúnen los personajes de tus dos novelas anteriores, Al final de la calle 118 y Cosas que escribiste sobre el fuego, que hasta ese momento eran historias autoconclusivas. Siempre te has declarado una autora de brújula; sin embargo, ¿tampoco planeaste de antemano cruzar los caminos de María y Simon?
Yo digo que soy brújula porque, aunque planee que quiero hacer algo, eso no significa que sepa qué voy a hacer más allá de ahí. Quiero decir, desde que escribí Al final de la calle 118 y mencioné a la chica que sale al final me pareció interesante hablar de ella, pero porque me obsesiona bastante la idea de que todo el mundo tiene una historia que contar y bastante a menudo me encuentro pensando en personajes que salen al fondo y que parecen irrelevantes pero que seguro que tienen también sus cosas y su vida. Quiero decir, con María Gaudet pasó un poco eso... la puse paseando por esa calle de mala muerte y luego pensé: «¿Esta chica qué hace aquí?, ¿de dónde sale?, ¿por qué se ha parado?», y de ahí ya empiezas a tirar del hilo y sale todo lo demás. El epílogo de Al final de la calle 118 y Cosas que escribiste sobre el fuego es el mismo por eso, porque a veces aunque vengan de sitios MUY distintos las personas acaban en el mismo punto y el prólogo de jaro azul es también la misma escena porque a veces de esos cruces aparecen historias nuevas y a veces no. No sé, yo sabía que quería que se cruzaran desde que empecé Cosas que escribiste sobre el fuego, pero hasta que no acabé los dos libros y entendí qué puntos comunes tenían los protas no supe qué hacer con ese encuentro y en qué dirección tirar (así que sigo siendo brújula porque cero planificación).


 

Al final de la calle 118 y Pájaro azul tienen lugar en Francia, Clementine en Estados Unidos... La única de tus novelas que sucede en España (al menos de momento) es Cosas que escribiste sobre el fuego. ¿Por qué te decantaste por ambientar esas historias en otros países?
Algunas veces fue de forma aleatoria (como en Al final de la calle 118, que elegí sólo porque yo había ido allí de intercambio aunque luego lo justificara con las otras dos novelas), y Estados Unidos fue porque ya tenía un proyecto empezado que pasaba ahí y que quería conectar con Clementine (lo que he dicho antes de los personajes de fondo teniendo también sus propias historias) y porque me gustaban muchísimo los nombres de Clementine y Blythe. Creo que en general los nombres son bastante determinantes para escoger donde pasan mis historias, la verdad.

En tus novelas, la trama está al servicio de sus protagonistas. ¿Cómo es tu proceso de creación de personajes?
No sé seguir ningún tipo de ficha ni nada porque al final la dejo de lado y realmente no me sirve, así que los desarrollo de forma muy intuitiva y siempre en relación a los otros personajes. Quiero decir, no creo que se puedan construir personajes de forma individual y única, porque ellos siempre serán de una manera u otra en relación a cómo son con las personas de su entorno. Creo que para mí lo principal es siempre la familia (si se llevan bien/mal, si les apoyan, si se sienten solos con ellos...) y los amigos (cómo les conoció, qué sienten por cada miembro del grupo, qué bromas privadas tienen...) y, a partir de ahí, ya es cuestión de explorar sus interacciones y sentimientos internos a través de pequeñas escenas que se me vayan ocurriendo y que ni siquiera pretendo que acaben en la versión final de la historia. También me gusta mucho basarme en tropos para luego doblarlos y dejarlos al servicio de mi historia, amoldándolos a lo que yo piense de mis personajes para que me ayuden a desarrollar el resto. ¡De todas formas, es eso, muy intuitivo!

Tus lectores siempre alaban tu estilo literario, delicado pero sencillo. ¿Qué autores son tus referentes a la hora de escribir?
Creo que los autores en quienes más me fijé cuando estaba desarrollando mi estilo fueron Scott Fiztgerald, Kazuo Ishiguro y Rainbow Rowell. Cada uno me gustaba por cosas distintas que sabía hacer (aunque creo que los tres comparten ese punto íntimo que a mí me gustaría transmitir también).

Tu última novela, Clementine, incluye también tus ilustraciones, que desde hace unos años compartes en redes sociales y en tus cómics de Tapas. ¿Cómo es que decidiste lanzarte al mundo de la ilustración?
¡Pues fue porque quería hacer cómics! Y como para hacer cómics hay que dibujar... Pues así empecé, primero en tradicional y con acuarelas, luego lanzándome más a lo digital y experimentando. Aún me queda una barbaridad por aprender y mejorar, pero bueno, como soy autodidacta pues voy poco a poco y aprendiendo sobre la marcha, que me pueden las ganas de acabar historias aunque no sepa hacerlas tan bien como yo querría.

También has publicado Café Actually en la plataforma Leemur. Allí, podemos conocer a Luc a través de los chats que comparte con sus amigos y compañeros de trabajo, pero su historia continuará en tu próxima novela, titulada El miedo restante, que llegará a nuestras librerías a principios de 2021. ¿Qué podemos esperar de esta nueva obra?
Pues El miedo restante es una historia en un tono algo más ligero (más en el rollo de Pájaro azul que en el de Clementine, quiero decir) que habla sobre la familia, la amistad, las emociones y el control de estas. Luc, el prota a quien ya conocemos, tiene la estrategia de sentir enfado antes de otras cosas porque es una emoción mucho más fácil de manejar que la decepción o la tristeza... y así le va, pobre.

 
  

Novelas, cómics, historias en chat… Está claro que te gusta explorar diferentes maneras de contar historias. ¿Qué te resulta más interesante de cada una? ¿Hay algún nuevo formato que aún no hayas probado y que te llame la atención?
De las novelas me encanta el desarrollo de párrafos de introspección de los personajes, creo que es lo que más disfruto. Las chat stories y los cómics tienen en común que se basan en diálogos, pero los cómics me fascinan por todo lo que puedes enseñar que aporta a la historia y que no hace falta explicar, porque está ahí... incluso los detalles que se dejan para quien se fije mucho. Ahora estoy muy obsesionada con los podcasts y tengo una idea para desarrollar uno que me encantaría probar algún día, porque todo lo que se puede hacer con sonido es fascinante y tengo muchas muchas ganas.

Hasta ahora hemos podido leer tus historias juveniles, pero sabemos por tus redes sociales que has terminado una novela middle-grade, y que incluso has comenzado una segunda. ¿Qué nos puedes contar sobre esto y, en general, sobre tus proyectos futuros?
Pues mira, las novelas middle-grade son algo que me ha traído la librería y que me fascina. Escribí una ¿fantástica? para un concurso que no salió y que estoy intentando mover y, ahora, también estoy intentando desarrollar un proyecto sobre miedos infantiles y un gato mágico. Creo que escribir middle-grade no tiene mucho que ver con juvenil y, aunque adaptarme me cuesta un poco, me lo paso genial y es muy muy interesante.
Seguro que nos encanta el resultado, ¡esperamos poder leerlo pronto! Muchas gracias por la entrevista, Clara.

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