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Entrevista a...

Gabriella Campbell

El Templo #81 (abril 2021)
Por Elena Romero
400 lecturas
Gabriella Campbell nació en Londres, pero se crio en España. Además de escritora, es traductora, correctora, lectora profesional y editora. Enamorada de la fantasía y la ciencia ficción más oscuras, ha publicado a cuatro manos con José Antonio Cotrina numerosas obras, tanto para un público juvenil como para uno más adulto. También ha escrito varios manuales de escritura. Y es que su blog para escritores Gabriella Literaria es toda una referencia en nuestro país.

Arrancaste tu carrera en la literatura juvenil con El fin de los sueños, publicado en 2014 con Plataforma Neo. En esta historia, describes junto a José Antonio Cotrina un mundo distópico con elementos de fantasía onírica. ¿Han cambiado tus intereses a la hora de escribir para un público joven desde entonces?

No han cambiado mis intereses, supongo: sigo queriendo escribir sobre ciertas experiencias y a menudo el juvenil es el vehículo más adecuado para ello. Mis protagonistas suelen ser jóvenes, porque viven una etapa de transformación crucial y a mí siempre me ha gustado escribir sobre autodescubrimiento y metamorfosis.

Antes tenía muy claro que quería categorizar ciertos libros míos como juveniles, dirigirme hacia ese público de una manera muy evidente. Pero ya no sé. Ahora parto más de «necesito hablar de esta experiencia en concreto» y puede ser enamorarse por primera vez, descubrirse a uno mismo, dejar atrás la tribu y la realidad conocida… Si coincide que eso ocurre con un/a protagonista joven y en un ámbito reconocible para un público juvenil, será juvenil. Yo encantada con el público que me toque… me gustan todos

 

Has comentado alguna vez que dejaste de escribir al empezar tus estudios de teoría literaria en la facultad, aunque más tarde lo retomaste. ¿Qué han aportado estos estudios literarios a tu faceta creativa? ¿Cómo te influyeron durante los años de carrera?

Estoy muy contenta de haber tenido el privilegio de haber estudiado la carrera que estudié. No puedo ni empezar a medir todo lo que aprendí, y tuve algunos profesores increíbles que me abrieron la mente de una forma que a día de hoy aún me influye y ayuda.

Dicho esto, mi experiencia universitaria estuvo llena de paradojas curiosas. Por un lado, el entorno académico me pareció restrictivo en muchos sentidos. Mis proyectos creativos surgieron porque di con gente afín, y porque la ciudad en sí, Granada, estaba en un punto en que parecía que si le dabas una patada a una piedra salía un escritor, o por lo menos alguien con ganas de montar alguna locura literaria. Escribí sobre todo poesía, porque había mil oportunidades para compartir poesía, pero lo que realmente me llamaba, la narrativa, me producía verdadero pánico.

Creo que también tenía un caso agudo de parálisis por análisis: ¿cómo vas a escribir si un día estás flipando con un teórico concreto y al siguiente otra línea de pensamiento ha transformado por completo tu punto de vista? Hay una saturación ahí que sobrecoge. Es difícil escribir cuando todos los días estudias y analizas a los maestros, desde mil perspectivas distintas.

Por aquel entonces yo aún tenía nociones curiosas en la cabeza, como que lo más importante era el talento y solo había que escribir cuando llegasen las musas. Escribir era algo pasional, no un trabajo diario, la fantasía era un divertimento para niños y había que escribir sobre Cosas Importantes y Realistas, que Significaran Algo y que Preferiblemente se Ambientaran en la Posguerra.

Ahora me río y me siento estúpida al pensar que no me puse a escribir en serio hasta los treinta o así, pero ¿quién no es un poco estúpido cuando se trata de la mentalidad creativa? Tenemos unos bloqueos personales y culturales de impresión.

 

Los mundos sobre los que escribes suelen caracterizarse por tener una ambientación opresiva, asfixiante en ocasiones, además de elementos fantásticos más bien extravagantes. Fantasía oscura, podríamos decir. ¿Qué es lo que te atrae tanto de este género?

Hay cosas en mi cabeza y necesito comunicarlas. Todos queremos sentirnos comprendidos. En el fondo es un deseo irrefrenable de que me den una palmadita y me digan que no soy tan rara, que alguien me entiende, que hay más gente ahí fuera que quiere caminar sobre un océano de cristal o volar en un zepelín hecho de piel de monstruo, o por lo menos tener esas sensaciones tan intensas de la maravilla.

Y que no estoy bien de lo mío. Eso ante todo.

 

En 2018 publicaste, también junto a Cotrina, Crónicas del fin con la editorial Alethé. La historia narra el viaje de un grupo de supervivientes por una Tierra arrasada. De nuevo, describes un mundo complejo, lleno de peligros, como en El fin de los sueños. Un mundo ficticio implica una serie de reglas que la trama debe respetar. Imaginamos que no es nada sencillo, y menos aún si esos mundos ficticios están creados entre dos autores. ¿Qué consejo puedes dar para controlar la coherencia en historias de fantasía o ciencia ficción?

Podría dar miles de consejos (e internet está lleno de ellos), pero solo hay uno que puedo garantizar que funciona de verdad. Búscate a alguien que escriba increíblemente bien y convéncelo de algún modo de que escriba contigo. No falla.

Y si te empeñas en escribir a solas, consigue por lo menos que personas que escriben increíblemente bien se lean tus cosas y te señalen todo lo que está mal. 

 

En España no existe una fuerte tradición de literatura fantástica comparada con otros países. En ocasiones ha sido considerada como un género menor, o relegado a los jóvenes en un sentido despectivo. ¿Cómo ves el presente y el porvenir de la literatura de género en nuestro país?

Por el género en sí no tengo preocupación: hay fantástico de todo tipo en miles de plataformas distintas, y creo que el juvenil (que además cada vez se entrecruza más con el fantástico adulto, hasta el punto de que la etiqueta de «juvenil» puede perder relevancia en muchos casos) está en primera fila.

Me preocupa más la viabilidad de los libros en sí, como formato, y la lectura como esfuerzo de concentración frente al atractivo y la distracción constante de formatos que ofrecen recompensas más inmediatas. Incluso yo, que soy lectora ávida, puedo pasar días sin leer porque caigo en un agujero de YouTube, ¿cómo será para gente joven que aún está decidiendo qué le gusta de verdad y en qué invertir su tiempo? Tal vez todos acabemos leyendo libritos seriados en formato WhatsApp, bocaditos de tres segundos porque nuestro cerebro ya no puede procesar nada más largo. Antes pensaba que eso era genial, que no tenía nada de malo, pero cada vez me estoy volviendo más catastrofista con todo esto de cómo nos están robando nuestra atención y enfoque, ofreciéndonos contenidos cada vez más superficiales de evasión.

Eso es lo que me da miedo: la carrera hacia el fondo (en el fantástico y en todo). Ver quién produce el contenido más chorra, ¡pagado en likes, por supuesto, nada de dinero de verdad! Por lo menos si me dieran bitcoin por mis tuits de más de cien me gustas…

El día del dragón es un libro middle-grade destinado a un público más infantil, aunque disfrutable por cualquier adulto. El humor es uno de los pilares fundamentales de la narración. ¿Has tenido que autocensurarte un poco a la hora de introducir elementos oscuros, dada la edad del público objetivo al que te dirigías?

Sí, bastante. Estábamos con esos dos libros (El día del dragón y La noche del espectro) mientras ideábamos Crónicas del fin, y a veces se colaban nociones. De hecho, Crónicas del fin surgió en gran medida porque hubo un momento en que intentamos escribir un libro infantil posapocalíptico chulo y nos salían cosas demasiado adultas.

Yo de vez en cuando propongo cosas. Por ejemplo, ahora que va a salir Coda, la secuela de El ciclo de la Luna Roja, José Antonio dice que ya nunca va a escribir nada más de Rocavarancolia. Así que lo he convencido de escribir yo la siguiente parte de la serie, donde Kang Dae de El día del dragón va a ascender al trono de Rocaravancolia y torturar a cualquiera que ose enfrentarse a su tiranía con chistes tan malos que son letales.

Él dice que me deja. No sé cómo lo verán sus lectores. 

(Spoilers de El día del dragón) La noche del espectro es la continuación de El día del dragón. En ella, Miranda, Baltazar y Nefastísimo siguen haciéndose cargo de Wayry, el dragón, al que en esta ocasión tratan de robar unos espectros. ¿Volveremos a encontrarnos próximamente con estos personajes? ¿Te gustaría que hubiera más libros, para que los lectores fueran creciendo con ellos?

Sí que me gustaría, la verdad. Pero, pese a su aparente sencillez, esos libros fueron muy difíciles de escribir. Nos llevaron mucho tiempo, porque nos resultaba complicado ponernos de acuerdo (nuestro sentido del humor varía un poco) y tenemos otros tantos proyectos en pasarela que pasará mucho tiempo antes de que volvamos a ese mundo, si volvemos.

 

Editora, correctora, traductora, escritora… Además, también has autopublicado en varias ocasiones. Conoces el mundo editorial a fondo. ¿Qué aspecto crees que queda por mejorar, y cuál es el cambio más notable que has percibido en estos últimos años?

Amazon lo ha cambiado todo. Sí, se le pueden criticar muchas cosas y preocupa que tenga el poder que tiene con una plataforma tan grande. Pero también ha dado un escaparate increíble para que los autores podamos tomar una parte del control que nos ha sido negado. La industria tenía que cambiar y que haya llegado el momento en que muchos autores puedan decir a editoriales que no tienen que aceptar cláusulas abusivas en sus contratos, por ejemplo, porque tienen otras opciones, me parece muy esperanzador. Tener esa posibilidad de elección para mí ha sido una razón de peso para escribir. Si tuviera que depender solo del sector tradicional, a lo mejor no seguiría publicando, porque puede ser una experiencia desalentadora.

También han traído muchos cambios, para bien y para mal, el e-mail y las redes sociales. De no ser por mis listas de correo y mis redes, nadie sabría quién soy, no leerían mis cosas y no podría vender libros de la manera que es más rentable para mí: directamente a través de mi tienda web.

Me gustaría creer que ahora los autores también somos un poquito más conscientes del valor de nuestra propiead intelectual. Antes, publicar en el extranjero o en otros medios era un sueño absurdo. Ahora, gracias a una creciente globalización y a cada vez más plataformas de contenidos audiovisuales, tenemos más oportunidades, y todo escritor debería saber negociar qué derechos ofrece y cuáles no. Tienen que acabarse estos contratos de «te doy mi obra, en todos los idiomas, en todos los formatos, para siempre jamás».

 

Hablemos ahora de Gabriella Literaria. A pesar de que desde el año pasado solo escribes artículos para los suscriptores de tu lista de correo, tu blog es toda una referencia en cuanto a herramientas para escritores. ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción que te ha dado en estos últimos años?

No sé ni por dónde empezar. Gracias al blog he aprendido a promocionarme, a hablar de mi trabajo, algo que se me daba realmente fatal. He aprendido a crear contenidos que puedan ser medianamente atractivos. He aprendido a comunicarme con otros seres humanos, por muy «virtuales» que sean. No sé, a lo mejor suena un poco bestia decir que ha cambiado mi forma de relacionarme con los demás y conmigo misma, ¿es demasiado bestia? Lo más importante que me ha enseñado es el poder de la disciplina y la perseverancia. Me ha enseñado a responsabilizarme de mi trabajo, aunque ese trabajo sea contar chorradas mientras pongo fotos de unicornios.

 

Además de artículos en Gabriella Literaria, también has publicado algunos manuales para escritores, como 70 trucos para sacar brillo a tu novela y Cómo sobrevivir a la escritura creativa, los dos autopublicados en Amazon en 2016 y 2019 respectivamente. ¿Por qué dirías que es importante que el escritor siga formándose?

A escribir uno no aprende de golpe y ya está. Personalmente sospecho que es una de las habilidades de más difícil adquisición. Escribir como tal sabemos casi todos. Escribir bien… hay gente que practica toda su vida y no lo consigue del todo. No cuestionamos que en otros oficios tenga que haber una formación continua. Pero nos parece perfectamente aceptable que un escritor no muestre interés por las herramientas de su profesión y que no haga lo posible por desarrollar sus habilidades. Esto yo no lo entiendo.

 

¿Podrías darnos alguna primicia de tus próximos proyectos?

¡Por supuesto! En los próximos meses sacaré Pequeños restos de magia (con Ediciones Lo Maravilloso, el sello que comparto con José Antonio). Es una obra de fantasía oscurilla ambientada en los noventa (pero… ¿son realmente los noventa? ¿Los noventa de nuestro mundo? *Insertar música intriante aquí*). Podríamos llamarla juvenil por aquello de que la prota es adolescente y le pasan cosas que a todos nos pasan en la adolescencia (como vivir grandes aventuras con tu mejor amiga, tener que lidiar con la gilipollas de turno de tu clase o descubrir que tu gato habla).

Hay una escena donde la protagonista tiene que esperar dos minutos… ¡dos minutos de reloj!, para conectarse a Internet y buscar el título de una canción en un buscador que no es Google. Pero también hay Nokias indestructibles que son brújulas mágicas, criaturas asesinas interdimensionales y un chico pulpo un poco antipático pero que canta genial. Hay algo ahí para todos.

También estoy trabajando en una serie de novelas ambientadas en un entorno universitario, que forman parte del mismo universo de Pequeños restos de magia. Durante mis años en la universidad hubo tantos momentos que podrían ser propios de una novela surrealista o incluso de terror (¡ay, la burocracia!), así que, ¿por qué no llevarlos al fantástico?

 

¿Qué territorios nos quedan por conquistar en la literatura juvenil en España? ¿Hay algún tema del que todavía no se haya escrito que eches en falta?

Seguro que los hay, pero no se me ocurren ahora mismo. Creo que la fantasía más bizarra y oscura y el juvenil son los dos géneros donde más libertad temática veo ahora mismo. Lo que en otros sectores parece que aún asoma la cabeza (salud mental, identidad de género, etc.) tiene cada vez más cabida en el juvenil. El juvenil tiene sus problemas, como los tienen todos los géneros, pero creo que puede ser una punta de lanza para lo literario en general.

 

El pasado 7 de marzo, durante la ceremonia de nuestros Templis, hablamos de la suerte que habían corrido algunas de las novedades que se publicaron durante los meses de confinamiento, que se quedaron sin presentaciones, ferias del libro… Así nació el hashtag #SalvemosNovedades2020. ¿Podrías decir un libro juvenil de 2020 que te gustara, o alguno que tengas pendiente de leer?

Tengo curiosidad por la trilogía de Shusterman (Siega, Nimbo y Trueno). Salieron el año pasado con Nocturna y viendo su aceptación, no creo que necesiten de que los salven, pero ahí va eso. También me llama La vida invisible de Addie LaRue, que aunque la Schwab lo haya escrito bajo su nombre de literatura «adulta», está en manos de todos los bookstagrammers de juvenil, así que te aseguro que eso lo está leyendo todo el público lector juvenil de España y más. El tema me parece un cruce curioso entre dos libros de Claire North, y a mí me encanta Claire North.

Pero el LIBRO que tenía que haber salido en 2020 y que después de mil obstáculos verá al fin la luz este mes es no que ya he mencionado más arriba: ¡Coda, de José Antonio Cotrina! Es la secuela a El ciclo de la Luna Roja y voy a cometer el pecado mortal más terrible de cualquier persona que hable de literatura—y utilizar uno de los clichés más aberrantes que existen—, al decir algo que, sin embargo, es verdad: este libro no te dejará indiferente.

 

¡Estaremos atentos a todas esas novedades que nos comentas! Muchas gracias por estas respuestas tan interesantes.

¡Muchas gracias por vuestras preguntas!

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