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Entrevista a...

Gonzalo Moure

El Templo #19 (diciembre 2010)




Gonzalo Moure es un escritor español de literatura infantil y juvenil cuyos libros han conseguido premios como el Gran Angular y el Ala Delta, ade­más de estar en la lista de honor del IBBY y haber sido finalista del Premio Nacional de Literatura. Su literatura, comprometida y realista, nos hace viajar más allá de las fronteras, a países poco conocidos como el Sáhara o Tuva. Defensor de causas como la libertad del Sáhara, hemos podido hablar con el escritor y entrevistarle para nuestra revista.

Empecemos por una pregunta sencilla: ¿Qué te sale mejor, la tortilla de pata­tas o una novela? Lo decimos por ese comentario que te hizo tu madre sobre uno de tus primeros escritos: “Me has hecho sentir el sabor de la tortilla de patata”. ¿La literatura debe transmitirnos sen­saciones reales, olores, sabores, ponernos la piel de gallina?

¡Sin duda una novela! Y precisamente por lo que me dijo mi madre, o más bien lo que me enseñó: si hago una tortilla y la patata me queda dura, o el huevo desligado, el que la come no puede hacer nada, por más que se esfuerce: la patata seguirá estando dura. Lo que me quería mostrar mi madre era un camino: no pongas los adjetivos, no le “ordenes” al lector lo que debe sentir, deja que sea él quien ponga los adjetivos, las sensaciones, comparte con él el cuento o el libro. Los autores que se empeñan en decirme lo que debo sentir cuando leo sus escritos, o sinto­nizan a la perfección conmigo (que también puede suceder, y de hecho sucede), o nuestra química no funciona. En mi micronovela (está dentro de El Remoto Decimal), es mu­cho más importante todo lo que siente e imagina el lec­tor que el breve guión que yo le doy: “La gacela pensó que el tigre era hermoso, un segundo antes”. Y si le qui­to los dos artículos determi­nados, aún es mucho más lo que debe poner el lector de su parte: “Gacela pensó que Tigre era hermoso, un se­gundo antes”.

En fin, no es tanto que la literatura nos deba transmitir emociones, sensaciones, olores o sabores, como que tiene que ser capaz de hacer que nosotros mismos ge­neremos todo eso.

En el texto que te presenta antes de tu relato en el libro 21 relatos por la educación, dice que eres muy amigo de Carlo Frabetti y Ricardo Gómez. En sus respectivos textos, también se nombra esta amistad entre vosotros. ¿Qué es lo que puede unir tanto a tres escritores, además de la literatura?

Precisamente, esa concepción de la literatura, que es, además, la más mo­derna posible: cada vez más, la literatu­ra se está alejando del puro entretenimiento, porque la diversión está siendo monopolizada por la electrónica. Es más: ya no hay gran­des pensadores (si uno echa un vistazo se da cuenta de que estamos huérfanos de ideas), porque los cerebros privile­giados son inmediatamente integrados en la gran industria de la diversión y el entretenimiento. La literatura tiene que llevar la batalla a su terreno, igual que el guerrillero la lleva al bosque o el des­filadero, y no a campo abierto. Y nues­tro terreno es el de las ideas y la emo­ción, las emociones, donde la industria del entretenimiento seguro que pierde. Y mira que Carlo es distinto, no hay en él una gota de sentimentalismo, es un apa­sionado de la lógica, aplicada incluso al pensamiento cotidiano. Nuestra concep­ción arquitectónica es muy distinta, pero el fin es el mismo: que sea el lector el que piense, el que haga la novela suya. Carlo, Ricardo y yo, hemos coincidido en nuestra concepción de la literatura, y por tanto de la vida, no traíamos una amis­tad anterior que hemos concretado en la literatura y, después en la vida. Sin duda, hay muchos más autores que comparten nuestro punto de vista y nuestro posicio­namiento, pero ha sido el azar el que ha hecho que coincidiéramos precisamente nosotros tres.


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