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Entrevista a...

Heinz Delam

El Templo #17 (agosto 2010)




La puerta de una dimensión desconocida se ha abierto para recibir al aventurero Heinz Delam, dueño y señor de una imaginación que viene deleitando a los jóvenes desde los años noventa, a base de historias fantásticas gestadas desde los más recónditos lugares. En torno a la hoguera y con los tambores de fondo, el autor nos ha contado sus secretos. ¿Te adentras en la jungla?

Para comenzar, ¿quién es Heinz Delam y a qué lugar pertenece? Toda una vida de viajes te ha llevado al límite mismo de la realidad. Has repartido experiencias entre Francia, Alemania, el Congo y España, pero ¿con cuál de estos países te sientes más en deuda? ¿Y qué tierra, qué recuerdo, qué pueblo, cultura o rincón te gustaría rescatar en el tiempo?

Podría definirme con el tópico de "soy un ciudadano del mundo", pero en realidad me siento casi como un alienígena. Me he criado como un nómada, recorriendo el mundo sin tiempo para echar raíces en ninguna parte. A pesar de todo puedo decir que me siento en deuda con los lugares que me han acogido, y en especial con dos de ellos: el Congo, que me enseñó a soñar, y España, mi hogar actual, que a veces me ayuda a despertar de mis sueños. En cada uno de los países en donde he vivido hay rincones y momentos que me gustaría rescatar en el tiempo, sobre todo los situados en una pequeña ciudad congoleña llamada Mbandaka. Mi escritura forma parte de ese intento de rescate.

Tras una infancia de aventuras por el Congo, fuiste piloto y más tarde trabajaste en el campo de la electrónica. ¿Exactamente en qué momento despertó tu vocación literaria? ¿Qué fue lo que te impulsó a sustituir la tecnología por las letras y servirte de lo vivido para convertirte en un contador de historias?

La primera en abrirme las puertas al mundo de la fantasía fue la lectura, naturalmente. Luego vinieron las aventuras en el corazón de África, que algunas veces rozaban los límites de esa misma fantasía. Ambas cosas me llevaron al siguiente paso, la escritura, un descubrimiento que me permitía unirlo todo y compartirlo con los demás. Escribir es una forma de vivir varias vidas, de acceder a otras realidades en las que todo puede (y a menudo debe) acontecer de manera diferente. A mí me permite buscar respuestas a base de compartir las preguntas, soñar con otros mundos e invitar a alguien desconocido a compartirlos. ¿Qué más se puede pedir?

Toda tu obra se agrupa dentro del género fantástico juvenil, y es bastante común encontrar realidades paralelas en tus novelas, pues sueles jugar con mundos visibles sólo para los elegidos. ¿Sentirías la misma atracción por el género de no haber alimentado tu imaginación a base de leyendas y mitos de la magia africana? Por otra parte, ¿qué entiende Heinz por literatura juvenil y por qué escribir dentro de sus límites, si es que los tiene?

Como he dicho antes, creo que mi atracción por lo fantástico procede ante todo de la lectura, que es la gran fuente de lo imaginario. Pero es indudable que mis diez años en África han contribuido a abonar la semilla literaria con ingredientes muy peculiares. En las selvas del Congo hay mucho alimento para la fantasía, y resulta curioso que los mitos y leyendas africanas encajen de manera sorprendente con la mecánica cuántica y las teorías de mundos paralelos. En cuanto a la literatura juvenil, empezaré por decir que no soy partidario de etiquetarla por edades, pues no me parece posible limitar algo tan amplio según la edad biológica del lector. Hay lectores muy maduros entre los jóvenes, incluso más de lo que se piensa, y también gente adulta muy infantil como lector. Incluso una misma persona puede abarcar un abanico muy amplio: yo de joven leí libros considerados para adultos, y ahora leo muchos de los catalogados como juveniles, en ambos casos con resultados muy gratificantes. Creo que la lectura no tiene edades ni fronteras, ni más límites que los de la propia imaginación de cada cual.


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