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Entrevista a...

Joaquín Londáiz

El Templo #26 (febrero 2012)
Por Javier Ruescas
3.642 lecturas
Magia ancestral, los secretos de la Atlántida o el poder de una peligrosa hermandad secreta, nada se le resiste. Después de dos sagas fantásticas juveniles, una infantil y otras obras en camino, Joaquín Londáiz nos abre las puertas de su lugar de trabajo y nos descubre algunas de las claves de sus éxitos editoriales.

¿Cuál es tu proceso de trabajo a la hora de enfrentarte a una nueva historia? ¿Ha variado con el paso de los años? ¿En qué sentido?

Ha variado ligeramente, no lo voy a negar. La experiencia y los libros que uno acumula a sus espaldas como escritor indudablemente van marcando una carrera. Evidentemente, esos cambios en la dinámica de trabajo ayudan a que la planificación y la labor de escribir sean mucho más fructíferas.

Generalmente me gusta tener planificada la obra. Considero que es muy importante saber dónde va a empezar y dónde debe terminar. Asimismo, creo que es importante saber una serie de cosas que van a ir sucediendo a lo largo de la historia. No diré que antes de escribir ya sé todo cuanto va a suceder porque no sería verdad. Ni sería cierto, ni me gustaría. De alguna manera, me motiva el hecho de ir escribiendo y avanzando en la aventura y, al mismo tiempo, ir descubriendo algunos detalles junto a mis personajes. Obviamente, para ello es necesario tener preparado un buen material en lo que a desarrollo de personajes y escenarios se refiere…

Eso sí, que quede claro que cada escritor tiene su dinámica de trabajo y que lo importante es que cada uno se sienta a gusto con ella. No existe una única receta para escribir y lo que a mí me funciona bien no tiene por que servirle a otros escritores. Una de las partes que pareces disfrutar más del oficio del escritor son los encuentros con lectores.

Sabemos que asistes a todas las ferias del libro, haces presentaciones en librerías, firmas... ¿Qué es lo que más te gusta de ello? ¿Puedes contarnos alguna anécdota relacionada con esto? 

Efectivamente, la promoción de un libro es una parte muy entretenida. Al menos yo lo veo así y, por eso, siempre me he movido mucho —aunque no tanto como me hubiese gustado—. He visitado muchas ciudades y siempre estoy dispuesto para llevar a cabo nuevas actividades, asistir a ferias o ir a colegios para dar charlas que motiven a los jóvenes a leer y escribir.

Son muchísimas las anécdotas que podría poneros como ejemplos. Sin embargo, me quedaré con una. Sucedió en 2006, en mi primera Feria del Libro de Madrid. Fue el último día de feria, a última hora… mi último libro. Una niña de unos diez años, animada por sus padres, se aproximó a la caseta. Al parecer, sus padres le habían prometido regalarle un libro aquella tarde… y ya se lo habían comprado. Elliot Tomclyde le había llamado mucho la atención pero, si lo quería, sus padres le habían dicho que tendría que pagárselo ella con sus ahorros. Después de hablar conmigo, sacó su pequeño monedero… y lo compró. Por muchas palabras que escribiese, me resultaría imposible describir lo que sentí en aquel instante. No solo una intensa alegría y emoción, sino también una gran carga de responsabilidad. Es una anécdota que siempre recordaré.

Tú has experimentado la diferencia entre escribir para adolescentes y escribir para niños, primero con Elliot Tomclyde, más tarde con Crónicas de la Atlántida y ahora con las Superfieras. ¿Cuál crees que es el público más difícil? ¿Por qué?

Mentiría si no dijese que ambos tipos de lector presentan sus dificultades. En ambos casos hay que crear historias originales, que capten rápidamente la atención del lector y que tengan una buena dosis de entretenimiento para que se siga adelante con la lectura. Ahora bien, creo que podría afirmarse que el lector de juvenil —pongamos de 12 a 15 años—, es más complicado que el de infantil —de 6 a 9 años—. ¿Por qué? Sencillamente porque probablemente tenga muchas más opciones alternativas para divertirse: el cine, la música, los videojuegos, salir con los amigos… Por supuesto, eso no quita que haya muchos jóvenes a los que les gusta leer. ¡Claro que los hay! Pero, en promedio, es posible que cueste más llegar a ellos que a los lectores más pequeños. Eso sí, como experiencia, os diré que yo me lo paso estupendamente escribiendo ambos tipos de proyectos.

 

Tu primer libro para jóvenes, Elliot Tomclyde, lo publicaste en 2006, y el último de la bilogía de Crónicas de la Atlántida, Los juegos Atlantes, en 2011. La evolución de tu estilo es evidente pero, ¿qué cambios has notado en tus lectores?

Hay de todo. Hay muchos lectores que me siguen desde mis inicios y eso que hace ya casi seis años que publiqué mi primera novela. Otros, se han ido enganchando a mis historias más adelante. Y otros, como es lógico, han dado el salto a la literatura general, para adultos, abandonando el juvenil.

Es posible que los lectores de las Superfieras más adelante den el salto y conecten con alguna de mis novelas juveniles. Obviamente, esto sólo sucederá si disfrutan con las aventuras de estos superhéroes tan especiales…

Tanto la mitología que aparece en tus libros como los múltiples escenarios que los protagonistas de Elliot Tomclyde visitan son dos columnas fundamentales en su historia. ¿Has estado en todos esos lugares? ¿Cuál fue tu base a la hora de crear el mundo Elemental?

Efectivamente, la mitología tiene su relevancia en el mundo de los elementales, especialmente en lo que a criaturas se refiere. De hecho, en la saga de Elliot encontraremos ejemplos de la mitología griega —como podrían ser los pegasos—, de la mitología nórdica —el kraken—, la mitología árabe —el ifrit—, la mitología cántabra —con los trentis—... Como veis, los ejemplos son múltiples.

Como bien dices, también destacan en la historia los diferentes lugares en los que están ubicadas las escuelas de magia. Así, Elliot estudia el elemento Tierra en Canadá, el Agua en el fondo del mar, el Fuego en Egipto y el Aire en el Himalaya. Para seros sincero, no he estado en ninguno de esos cuatro lugares. Bueno, si acaso, he sido capaz de bucear a un metro de profundidad en el mar… Sí, eso ha sido lo más cerca que he llegado a estar de Bubbleville. Aún recuerdo una entrevista en la radio en la que me hicieron una pregunta similar y, lógicamente, mi respuesta no fue muy diferente a la que acabo de daros. Entonces, me dijeron: «Vamos». Pues algo parecido sucede conmigo…

No obstante, estos lugares que menciono son precisamente la base para crear el mundo Elemental. La aridez y el calor del desierto en Egipto, los grandes bosques de Canadá, el propio mar o una ciudad que sobrevuela el Himalaya… Todos esos lugares eran emplazamientos ideales para una escuela de magia. Además, ¡me gustaba la idea de ver a mi personaje viajando de un lugar a otro valiéndose de los espejos como medio de transporte!

En la saga de Elliot Tomclyde nos encontramos con unos jóvenes destinados a controlar los elementos, al más puro estilo de las novelas de fantasía tradicionales, sin embargo tú le das un toque moderno con el que cualquier adolescente de hoy en día puede identificarse. ¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora de enfrentarte a esta saga? ¿Conocías el final desde el principio?

Desde el primer momento, yo tenía muy claro que la saga de Elliot constaría de un total de cuatro libros de aprendizaje —uno por cada elemento—, y una última historia en la que se viviría una gran aventura una vez completada la fase de aprendizaje. Esto, de por sí, ya daba pie a la elaboración de un buen número de escenarios y de tramas que había que enlazar. Como he dicho con anterioridad, antes de escribir no sabía lo que sucedería con total seguridad, pero sí tenía muchas ideas claras. En cuanto al final… Sí, eso sí lo tenía bastante claro.

Respondiendo a la primera pregunta, ya adelanto que no resultó fácil escribir la saga completa. Sin duda, el reto era grande. Escribir un libro es una tarea compleja, pero una saga… ¡no os lo podéis ni imaginar! Ahora bien, creo que el reto de escribir no fue lo más complicado. Yo diría que lo que más dificultad entrañó fue darle un toque original y distintivo. Como muchos otros jóvenes, he sido un gran admirador de Harry Potter y, precisamente por eso, era necesario escribir una historia original. Es cierto que Elliot es un aprendiz de mago, pero el hecho de que visite distintas escuelas por el mundo, que maneje diferentes elementos y las propias aventuras que corre, ya lo diferencian mucho de Harry Potter. Desde luego, aquellos que completaron la saga así lo pudieron comprobar. Y qué decir de su final tan sorprendente…

 

El final de la saga Elliot se puede considerar abierto por la huida de ciertos personajes, ¿esto quiere decir que puede que retomes la saga en un futuro?

Hablando del final… Es cierto que queda algún que otro hilo abierto, pero eso no significa que la historia esté inacabada. Cuando uno crea un mundo mágico como el que encontramos en la historia de Elliot, es normal que muchas ramas queden abiertas y que, si quisiésemos, podríamos tirar y tirar del hilo sin que la madeja se acabase.

¿Podría tener Elliot continuidad? A tenor de lo dicho, todo es factible. Desde luego, no diré que no… Ahora bien, sí que puedo decir que, por el momento, no entra dentro de mis planes escribir una sexta parte.

¿Cuál de los cinco libros de la saga de Elliot te resultó más complicado de escribir y por qué?

Como en cualquier saga, el primer libro, el que abre la historia, suele entrañar cierta dificultad. Es el que presenta el mundo, los protagonistas y la trama general. Eso significa que marca el devenir de toda la historia y su redacción debe de estar bien pensada. Ahora bien, quizás el más complicado me resultó el cuarto: Elliot y el secreto de los Lamphard. Este es un libro «embudo». En él, Elliot visita la cordillera del Himalaya para hacer frente al aprendizaje del elemento Aire con el que concluiría toda esa etapa de estudios. Precisamente por eso, tenía que cerrar muchos temas y dejar abiertos otros para dar paso a la gran aventura final. Puede que resultase complicado, pero para mí es uno de mis favoritos.

Con Crónicas de la Atlántida decidiste darle tu visión particular al mito de la ciudad sumergida, ¿por qué optaste por escribir sobre ello? ¿Cómo fue tu trabajo de investigación al respecto?

Desde siempre he sentido curiosidad por el famoso continente perdido y eso me llevó a escribir una historia ambientada en él. De hecho, la Atlántida me parecía un lugar estupendo para crear un mundo de aventuras y fantasía. Es cierto que se han vertido chorros de tinta para escribir sobre este tema, pero yo quería hacer algo original. Por ello, me lancé a escribir el que sería el primer libro juvenil ambientado en la Atlántida.

La labor de investigación fue de lo más interesante. Leí muchas cosas y diferentes artículos. Sin embargo, debo reconocer que al final opté por centrarme básicamente en la información aparecida en los Diálogos de Platón, concretamente en los de Critias y Timeo. Al fin y al cabo, Platón fue la primera persona que habló de la Atlántida y todo lo demás no son más que estudios basados en sus palabras…

Estudiaste Administración y Dirección de Empresas, una carrera que a primera vista nada tiene que ver con el tipo de novelas que escribes. ¿De dónde te viene esa afición? ¿Cómo ha cambiado tu vida desde que iniciaste tu andadura en el mundo de la literatura infantil y juvenil?

Es verdad que, a priori, el mundo de los bancos y las consultoras poco o nada tiene que ver con la magia y las aventuras, pero os sorprendería lo mucho que me han ayudado mis estudios una vez ya inmerso en el mundo editorial. Sobre todo, en el aspecto comercial, de moverse, de aportar ideas a la hora de promocionar…

Debo confesar que, aunque hacía tiempo que soñaba con poder crear un mundo de aventuras y fantasía, di mis primeros pasos como escritor una vez terminé la carrera. Fue entonces cuando tuve tiempo suficiente para dar cuerpo a la historia de los elementales; de Elliot Tomclyde, al fin y al cabo. Desde siempre me ha gustado leer y ése ha sido uno de los factores que me ha ayudado mucho a la hora de escribir. Eso sí, puedo aseguraros que de escribir a publicar hay un mundo. Yo tuve la suerte de ser publicado por Montena y, desde entonces, ahí tenéis mis historias para poder leerlas. Todavía no me lo creo… ¡y este año lo terminaré con diecisiete libros publicados!

 

¿Qué tipo de novelas lee Joaquín Londáiz hoy día? ¿Y cuando tenía la edad de sus protagonistas?

Hoy en día, leo todo tipo de novelas. Ahora mismo, estoy inmerso en la lectura de Las Legiones Malditas, segunda parte de la trilogía de la vida de Publio Cornelio Escipión, de Santiago Posteguillo. Pero también me gusta lanzarme a leer aventuras, libros de ciencia ficción, de fantasía, thrillers, policiacos, novela negra… De todo.

Reconozco que difiere un poco de lo que leía yo cuando tenía, pongamos, doce años. Me gustaba leer, sí, pero tampoco había una gran variedad como la que se puede encontrar hoy en una librería. Hace veinte años —¡qué lejos queda eso!—, yo leía a Alfred Hitchcock y los tres investigadores, a Enid Blyton, Agatha Christie… Lo pasaba muy bien, para qué lo vamos a negar.

Es raro encontrar entre los protagonistas de tus novelas a personajes españoles: Elliot Tomclyde, Tristán, Sophie, Ibrahim y ahora Jonas Bigelow... ¿A qué se debe esta debilidad por ponerles nacionalidades extranjeras? ¿Veremos a algún protagonista español en el futuro?

Sin duda, es una debilidad. Me gustan los nombres extranjeros, porque pienso que quedan muy bien en este tipo de historias. No significa que no me gusten los nombres o personajes con raíces hispanas. Nada más lejos de la realidad. La prueba la tenéis en que en Los Juegos Atlantes, uno de los personajes principales —Sebastián— procede de España. También lo veréis en Aventura en Os Meigales, cuyos protagonistas son españoles y viven una aventura en Galicia. Y, como decía anteriormente, el propio Jonas Bigelow veranea en Palma de Mallorca…

¿Qué nos puedes contar sobre tu nueva novela, La Hermandad de la Eterna Oscuridad? ¿Será también saga o novela suelta? ¿Y de tus próximos proyectos?

La Hermandad de la Eterna Oscuridad supone un regreso a mis orígenes: las escuelas de magia. En esta ocasión nuestro protagonista es Jonas Bigelow, a quien conoceremos veraneando en una magnífica villa en Palma de Mallorca. No tardará en descubrir sus poderes y la existencia de una temible hermandad cuyo objetivo es lograr que Eligius Zarlock, el hechicero de las tinieblas más temido de todos los tiempos, vuelva a sembrar el mal por el mundo. Saldrá con la editorial Espasa y estará en librerías el próximo 3 de abril. No voy a adelantar acontecimientos pero, sí, creo que se presta a que salga una segunda parte. Eso sí, ya adelanto que esa segunda parte dará un salto en el tiempo importante. A diferencia de los que sucedía con los libros de Elliot, la segunda parte de esta historia no dará comienzo exactamente donde termina este primero, sino unos cuantos años más adelante, con Jonas un poco más maduro.

Asimismo, a mediados de febrero de este año verán la luz dos nuevos ejemplares de la serie Superfieras: La Cobra Dorada y Olimpiadas. Este último, como no podía ser de otra forma, está dedicado a los Juegos Olímpicos que tendrán lugar el próximo verano en la ciudad de Londres. ¡Hasta allí viajarán las Superfieras! De igual manera, está previsto que veamos a las Superfieras en Brasil —traducidas al portugués— a lo largo de este primer semestre del año.

Y finalmente, en versión digital, saldrá a la venta una novela corta de aventuras y misterio titulada Aventura en Os Meigales. Esta sí que es una historia al más puro estilo de lo que yo leía en mi tierna infancia… Pronto tendréis más información al respecto en mi blog y en mi web.

Sabemos que eres un gran aficionado a la astronomía, ¿de qué manera ha influido esta faceta tuya en tu obra?

No ha influido demasiado, la verdad. Habitualmente, en mis novelas suele haber pequeños guiños a esta ciencia, sin duda. Pero lo que se dice influenciarla… no demasiado. Ahora, quién sabe si en el futuro pueda hacerlo…

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