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 ENTREVISTA 

Joaquín Londáiz

El Templo #26 (febrero 2012) por Javier Ruescas


Magia ancestral, los secretos de la Atlántida o el poder de una peligrosa hermandad secreta, nada se le resiste. Después de dos sagas fantásticas juveniles, una infantil y otras obras en camino, Joaquín Londáiz nos abre las puertas de su lugar de trabajo y nos descubre algunas de las claves de sus éxitos editoriales.

¿Cuál es tu proceso de trabajo a la hora de enfrentarte a una nueva historia? ¿Ha variado con el paso de los años? ¿En qué sentido?

Ha variado ligeramente, no lo voy a negar. La experiencia y los libros que uno acumula a sus espaldas como escritor indudablemente van marcando una carrera. Evidentemente, esos cambios en la dinámica de trabajo ayudan a que la planificación y la labor de escribir sean mucho más fructíferas.

Generalmente me gusta tener planificada la obra. Considero que es muy importante saber dónde va a empezar y dónde debe terminar. Asimismo, creo que es importante saber una serie de cosas que van a ir sucediendo a lo largo de la historia. No diré que antes de escribir ya sé todo cuanto va a suceder porque no sería verdad. Ni sería cierto, ni me gustaría. De alguna manera, me motiva el hecho de ir escribiendo y avanzando en la aventura y, al mismo tiempo, ir descubriendo algunos detalles junto a mis personajes. Obviamente, para ello es necesario tener preparado un buen material en lo que a desarrollo de personajes y escenarios se refiere…

Eso sí, que quede claro que cada escritor tiene su dinámica de trabajo y que lo importante es que cada uno se sienta a gusto con ella. No existe una única receta para escribir y lo que a mí me funciona bien no tiene por que servirle a otros escritores. Una de las partes que pareces disfrutar más del oficio del escritor son los encuentros con lectores.

Sabemos que asistes a todas las ferias del libro, haces presentaciones en librerías, firmas... ¿Qué es lo que más te gusta de ello? ¿Puedes contarnos alguna anécdota relacionada con esto? 

Efectivamente, la promoción de un libro es una parte muy entretenida. Al menos yo lo veo así y, por eso, siempre me he movido mucho —aunque no tanto como me hubiese gustado—. He visitado muchas ciudades y siempre estoy dispuesto para llevar a cabo nuevas actividades, asistir a ferias o ir a colegios para dar charlas que motiven a los jóvenes a leer y escribir.

Son muchísimas las anécdotas que podría poneros como ejemplos. Sin embargo, me quedaré con una. Sucedió en 2006, en mi primera Feria del Libro de Madrid. Fue el último día de feria, a última hora… mi último libro. Una niña de unos diez años, animada por sus padres, se aproximó a la caseta. Al parecer, sus padres le habían prometido regalarle un libro aquella tarde… y ya se lo habían comprado. Elliot Tomclyde le había llamado mucho la atención pero, si lo quería, sus padres le habían dicho que tendría que pagárselo ella con sus ahorros. Después de hablar conmigo, sacó su pequeño monedero… y lo compró. Por muchas palabras que escribiese, me resultaría imposible describir lo que sentí en aquel instante. No solo una intensa alegría y emoción, sino también una gran carga de responsabilidad. Es una anécdota que siempre recordaré.

Tú has experimentado la diferencia entre escribir para adolescentes y escribir para niños, primero con Elliot Tomclyde, más tarde con Crónicas de la Atlántida y ahora con las Superfieras. ¿Cuál crees que es el público más difícil? ¿Por qué?

Mentiría si no dijese que ambos tipos de lector presentan sus dificultades. En ambos casos hay que crear historias originales, que capten rápidamente la atención del lector y que tengan una buena dosis de entretenimiento para que se siga adelante con la lectura. Ahora bien, creo que podría afirmarse que el lector de juvenil —pongamos de 12 a 15 años—, es más complicado que el de infantil —de 6 a 9 años—. ¿Por qué? Sencillamente porque probablemente tenga muchas más opciones alternativas para divertirse: el cine, la música, los videojuegos, salir con los amigos… Por supuesto, eso no quita que haya muchos jóvenes a los que les gusta leer. ¡Claro que los hay! Pero, en promedio, es posible que cueste más llegar a ellos que a los lectores más pequeños. Eso sí, como experiencia, os diré que yo me lo paso estupendamente escribiendo ambos tipos de proyectos.

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