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Entrevista a...

Katherine Rundell

El Templo #85 (diciembre 2021)
Por Gabriela Portillo
334 lecturas

¿Sabías que...?

  • Aunque nació en Kent (Inglaterra), vivió de los cuatro a los catorce años en Harare (Zimbabue), porque su padre era diplomático. En su adolescencia, se mudaron a Bélgica.
  • Para ella fue un gran choque regresar a Europa: en África no existía la misma cultura adolescente, sus amigas y ella seguían trepando árboles y andando descalzas por todas partes. Si bien ha dicho en alguna ocasión que la vida en Bélgica le abrió horizontes, suele incluir bromas sobre los belgas en todos sus libros.
  • Estudió literatura inglesa en la Universidad de Oxford, donde trabaja como personal investigador.
  • Para entrar al claustro de la facultad All Souls de Oxford realizó un proceso de unas quince horas, considerado «el examen más duro del mundo». La prueba final consistió en desarrollar una disertación sobre la palabra «novedad» durante tres horas. Ella escribió sobre la teoría de la deconstrucción de Derrida y los Christmas crackers.
  • Publicó su primer libro, The Girl Savage, en 2011. Tres años más tarde, se lanzó en Estados Unidos una versión revisada con el título de Cartwheeling in Thunderstorms.
  • Además de cinco novelas para jóvenes, ha escrito una obra de teatro, Life according to Saki, que se estrenó off-Broadway en 2017.
  • Ha recibido numerosos premios a su obra, entre los que destacan el premio infantil de Waterstones (2014), el Prix Sorcerières Junior (2015) o el Costa Book Award (2017).

 

Ubicas tus novelas en escenarios muy evocadores: el Amazonas, Nueva York, París, Rusia… Como escritora, ¿qué aspectos consideras imprescindibles a la hora de crear una ambientación cautivadora?

En mi caso, trato de crear mundos con una ambientación tan desbordante que parezca que los niños se adentran en ella. Por eso leo mucho, investigo y, siempre que es posible, visito el lugar antes de empezar a escribir.

Además, frente a la tendencia actual de situar la acción en el presente, tus historias suelen llevarnos a épocas anteriores. ¿Qué te atrae de ese pasado reciente?

Creo que una parte se debe a la simplicidad que te da: sin tecnología, puedes sacar a los niños de sus espacios cotidianos, que son seguros, y lanzarlos al riesgo y la aventura más fácilmente. También quiero transmitirles a los niños una sensación del pasado como algo que está vivo y que es real, algo que descubrir y que puede fascinarlos, no solo una lista de nombres y fechas.

Con todo, en Los ladrones buenos, situado en los años 20, tratas temas relevantes hoy, como la desigualdad económica o el racismo. Los protagonistas se definen como «ladrones necesarios» porque recuperan algo —material o simbólico— que la sociedad les arrebata. ¿Por qué consideras importante incluir reivindicación social en tus libros?

En mis libros infantiles plasmo las cosas en las que creo y que me inspiran esperanza con mayor pasión. A menudo reflejan los peligros y las alegrías del mundo. Así que contar con personajes que hablen de la desigualdad económica y el racismo, tal como lo hacen los niños a día de hoy, era importante para mí.

Hemos leído que viajaste al Amazonas como el explorador, que en tu tiempo libre caminas por los tejados como Sophie y que de pequeña viviste en Zimbabue como Wilhelmina… ¿Qué fue primero, la vivencia personal o la documentación para tus novelas?

Varía. Fui al Amazonas para investigar el germen de una idea para un libro, pero el andar por los tejados inspiró Sophie en los cielos de París por accidente. Una noche, mientras estaba trepando por el tejado de mi facultad en Oxford, encontré una botellín de cerveza vacío y pensé: ¿y si alguien viviese de verdad en los tejados? ¿Qué pasaría?

Eres, si nos lo permites, la reina de lo salvaje: The Wolf Wilder, The Girl Savage… ¿Tienes una filosofía de vida al respecto? ¿Cómo la definirías?

¡Sí, totalmente! Quiero que los niños, a medida que crezcan, puedan aferrarse a algo en su interior que resista los imperativos de la adultez: el estruendo constante del capitalismo, el zumbido ansioso de las redes sociales. Me gustaría que mantuviesen su lado salvaje, la parte de nosotros que ansía cosas más grandes que las posesiones materiales, que desea la conexión humana y la unión con el mundo animal. Me gustaría decirles: el mundo es mucho más grande y extraño y amplio y bonito e inmanejable que cualquier cosa que te puedan vender en una tienda o en un mitin político.

Tu trabajo está en el espacio limítrofe entre la literatura infantil y la juvenil. ¿Qué elementos hacen que un libro sea middle grade?

Considero que un buen libro infantil necesita de tres cosas: peligro, amor y buena comida.

Encontramos muchas reminiscencias de los clásicos infantiles y juveniles en tus obras. ¿Cuáles son tus principales referentes?

Me encantaban Los Mumins y los libros de E. Nesbit, sobre todo Los chicos del ferrocarril. Son libros repletos de bondad, generosidad e ingenio, que sugieren que las aventuras no tienen que pasar lejos de casa para ser enormes y gloriosas.

Tu manifiesto a favor de la literatura infantil, Why You Should Read Children’s Books, Even Though You Are So Old and Wise, todavía no ha llegado a España, pero está lleno de sabiduría. ¿Qué mensaje resaltarías como más importante para nuestra audiencia?

¡Gracias! La idea principal es que hay muchas cosas en la literatura infantil que pueden ser electrizantes y transformadoras para un lector adulto. Los libros infantiles, al ser cortos (y porque los niños no tienen paciencia con los titubeos), son una síntesis de nuestras cualidades más vulnerables: el amor, la esperanza, la fe, el miedo, la resistencia. Destilan estas cosas en un espacio muy pequeño, se convierten en una especie de vodka literario.

¿Cómo se relacionan tu trabajo en Oxford como académica y tu labor de escritora?

Creo que se retroalimentan porque la lectura de la poesía de John Donne, en quien se basaba mi tesis doctoral, me recuerda constantemente que el lenguaje no es un conjunto de normas, sino de posibilidades.

Durante la pandemia, editaste un compendio de textos sobre la esperanza, The Book of Hopes, con la colaboración de más de cien autores de LIJ. ¿Nos puedes contar cómo fue el proceso? ¿Y la acogida?

Al inicio de la pandemia, me di cuenta de que necesitaba esperanza. Así que escribí a más de cien escritores y artistas, pidiéndoles que hicieran un pequeño dibujo o un escrito corto que no superase las quinientas palabras y que inspirase esperanza en los niños que lo leyesen. La reacción fue espectacular. Lo subimos gratis a Internet y, después, cientos de miles de niños lo leyeron. Recibimos cartas fabulosas, sobre niños que escribían su libro de la esperanza particular.

Una de las cosas que más nos gusta de tus libros es tu cuidado estilo. ¿Cuánto te lleva terminar cada uno de ellos?

¡Mucho tiempo! Suelo escribir y reescribir, a veces hasta dieciséis o diecisiete borradores.

¿Posees algún talento especial, como la puntería de Vita?

¡Ay! Por desgracia, nada se me da tan bien como a Vita se le da el lanzar su navaja, pero cabe decir que aprendí por mí misma a caminar sobre la cuerda floja de niña. Y estoy aprendiendo a pilotar una avioneta biplaza.

Tus otras dos novelas (The Wolf Wilder y The Girl Savage) aún no se han publicado en España, pero nos encantaría que nos contases alguna anécdota sobre ellas. ¿Encontrarán los lectores algo insólito en estas otras obras?

The Girl Savage fue mi primera obra y se basa (¡muy vagamente!) en mi infancia en Zimbabue. The Wolf Wilder es de los libros que más disfruté escribir; trata sobre luchar por aquello en lo que crees, sobre una revolución y sobre la alucinante ferocidad de los niños, y la de los lobos.

Estamos deseando volver a leerte. ¿Nos adelantas algún detalle sobre tus próximos proyectos?

Mi próxima publicación será para adultos, sobre John Donne y su peculiar poesía alquímica. Después, vendrá un álbum ilustrado, para lectores más jóvenes, sobre una niña que tras golpearse la cabeza aprende a hablar con los animales. Son muy, muy diferentes, pero tienen en común el deseo de dialogar sobre lo vasto y bello que es el mundo.

¡Muchas gracias por tus palabras!