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 ENTREVISTA 

Laura Gallego García

El Templo #31 (diciembre 2012) por La Redacción


Laura Gallego es un nombre de referencia de la literatura española. En par­ticular, de la juvenil. Tras ganar el premio Barco de Vapor con tan solo 21 años por Finis Mundi, su primera novela publicada, no ha dejado de deleitar a lectores de todas las edades con historias cargadas de personajes y tramas inolvidables. Memorias de Idhún es su obra más conocida, pero ni de lejos la única. Ángeles y demonios, doncellas guerreras, hechiceros, elfos, futbolistas, vampiros y has­ta golems pueblan las páginas de sus libros. Este año, Laura se ha alzado con el Premio Nacional de Literatura Juvenil por Donde los árboles cantan y nosotros no hemos querido dejar pasar la oportunidad de volver a charlar con quien, hace ya un lustro, nos concedió la primera entrevista de El Templo.

Hace 5 años que te entrevistamos, en el primer número de nuestra revista. Desde entonces has publicado Dos ve­las para el diablo, los seis libros de Sara y las Goleadoras, Mago por ca­sualidad y Donde los árboles cantan, que acaba de recibir el Premio Na­cional, así que queremos empezar la entrevista felicitándote por tu éxito y dándote las gracias, como lectores que somos, por tu constancia.

¡Muchas gracias a vosotros! Y enho­rabuena por esos cinco años y por el mag­nífico trabajo que hacéis en favor de la literatura juvenil.

Acabas de recibir el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por Donde los árboles cantan, una novela de superación ambientada en un medievo fantástico. ¿Se acabaron los prejuicios por parte de las ins­tituciones hacia las historia de fantasía o crees que en realidad nunca los ha habido?

Sí que los ha habido. Se tiende a pen­sar que una historia solo puede ser «seria» si es realista, que la literatura fantástica es puro escapismo. Y sobre esto he de de­cir dos cosas: en primer lugar, se pueden tratar temas muy interesantes, profundos y universales a través de un relato fantás­tico. Y en segundo lugar, incluso aunque una novela fantástica solo busque entre­tener, si cumple su objetivo, ¿qué hay de malo en ello? Creo que no hay que prejuz­gar una obra por su género. Se pueden es­cribir buenas y malas novelas fantásticas, y lo mismo puede decirse de las novelas realistas, de las de misterio... Pienso que hay que valorar lo redonda que sea una obra, independientemente del género en el que se inscribe. Pero sí es verdad que tradicionalmente ha habido mucho prejui­cio hacia el fantástico, y por eso creo que el hecho de que hayan premiado Donde los árboles cantan es una buena señal. Yo personalmente estoy encantada, porque no me lo esperaba; ha sido una sorpresa y una gran alegría para mí que el jura­do haya optado por mi novela, cosa que agradezco profundamente. Y creo que también es bueno para los aficionados a la literatura fantástica en general, porque poco a poco se van superando prejuicios con respecto al género.

De todas formas, hay que seña­lar que el jurado del Premio Nacional no siempre ha estado cerrado en banda a la literatura fantástica. En 1985, por ejem­plo, se lo otorgó a Joan Manuel Gisbert por una excelente novela fantástica: El museo de los sueños.

Mago por casualidad está dirigido a unos lectores un poco más pequeños que tu público habitual. ¿Ha sido un libro muy diferente de escribir? ¿Has notado un gran cambio en la reacción del público?

Es difícil contestar a esto, porque Mago por casualidad es una obra que escribí hace ya algunos años, aunque se haya publicado ahora. Y no recuerdo muy bien en qué pensaba entonces. Sí puedo decir que en la reescritura lo he pasado muy bien. Es un libro con mucho humor, y lo he disfrutado mucho, hasta el punto de plantearme la posibilidad de escribir una segunda parte. Será interesante ver cómo me enfrento a ella después de tanto tiempo, si soy capaz de recuperar el tono del primero. Confieso que me siento un poco insegura cuando escribo literatura infantil, porque tengo menos experiencia y además, por el momento recibo poco feedback, ya que la mayor parte de mis lectores son mayores de 12 años. Es curio­so, porque también la mayor parte de los comentarios, críticas y reseñas que he re­cibido de este libro pertenecen a jóvenes lectores, no a niños. Casi todos coinciden en decir que les ha gustado, «pero» que se nota que es un libro infantil. Natural­mente que lo es. Los niños también tienen derecho a leer, ¿no? De todos modos, me conformo con que a cualquier persona que lo lea, tenga la edad que tenga, le resul­te cuanto menos distraído y le haga pasarun buen rato. Sé, sin embargo, que con el tiempo el libro irá encontrando a sus propios lectores; soy consciente de que muchos de mis lectores habituales le die­ron una oportunidad solo porque lo había escrito yo, aunque no correspondiese en principio a su tramo de edad. Me pasó lo mismo con Sara y las Goleadoras: primero llegó a manos de algunos lectores habi­tuales míos, que leyeron al menos el pri­mer libro porque era una serie escrita por mí. Y al principio todos los comentarios que me llegaban eran de adolescentes o jóvenes; a algunos les gustaba, y otros de­cían que no estaba mal «pero» se trataba de novelas para lectores más jóvenes y, además, no eran de género fantástico (es un poco el mundo al revés: lectores que han sufrido los tradicionales prejuicios ha­cia la literatura juvenil y/o fantástica, re­producen el mismo comportamiento hacia la literatura infantil y/o realista). Es ahora cuando empiezo a recibir comentarios de gente que ha leído los libros y los ha elegi­do específicamente por la temática o por la edad a la que parecían dirigidos. Así, recibo cartas de niñas (sobre todo niñas) de ocho o nueve años que me han descu­vierto gracias a Sara y las Goleadoras. Es­pero que, con el tiempo, suceda lo mismo con Mago por casualidad.

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