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 ENTREVISTA 

Montserrat del Amo

El Templo #28 (junio 2012) por Javier Ruescas


Montserrat del Amo podría considerarse una de las madres de la literatura juvenil en España. Ganó el premio Lazarillo en 1960, el Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil, el Lazarillo y el Complutense al autor más leído en 1993, entre otros. Ha publicado más de una docena de novelas juveniles y otras tantas infantiles, y para este número nos ha concedido una entrevista en la que hablamos sobre el ayer, el hoy y el mañana del género.

Se podría decir que eres una de las autoras que inauguraron en España la literatura juvenil, allá por 1950, ¿Qué dificultades encontrabas por entonces? Yo diría que todas.

En primer lugar había pocas editoriales que editasen literatura infantil y juvenil. Las que lo hacían seguían en las novelas del siglo XIX principios del XX, El libro de la selva, La isla del tesoro... que son de las que sigue hablando la gente que no sabe realmente qué es la literatura juvenil hoy día, ya que desde entonces se ha recorrido un largo camino.

Había por entonces una editorial llamada Escelicer que publicó una colección juvenil muy marcada en argumentos que se desarrollaban en colegios. Allí publiqué unas cuantas cosas y me vino muy bien porque en unos cuatro o cinco años saqué seis o siete títulos que no pienso reeditar nunca, pero que me vinieron muy bien para el juego de muñeca. Y más tarde, un avance importante fue la creación del Premio Lazarillo en 1958. En 1960 lo gané yo con Rastro de Dios y me lo publicó Ediciones Cid en una edición de lujo, con tapas duras que valía 20 duros, que por entonces era una fortuna.

¿Y ahora?

Las dificultades que encuentro ahora mismo son conmigo misma porque cada vez que me pongo a escribir quiero que sea el mejor de mis libros, ¡y eso es un problema! A medida que voy escribiendo soy más capaz de objetivar mi propia obra al corregir, que es una de las grandes dificultades de los comienzos, que las críticas de los demás a veces no se aceptan y en cambio la crítica propia no se sabe hacer.

¿Sigues leyendo literatura juvenil hoy día?

Sí, sigo leyendo. Se publica muchísimo, pero intento estar al día.

Una característica que todos tus protagonistas comparten es su continua lucha por la superación y el alcance de sus sueños, por muy lejanos e imposibles que resulten. ¿Consideras que esta es la filosofía de vida que los adolescentes deben tener en mente?

Yo creo que sí. Nunca entenderé a Peter Pan. ¡Un niño que no quiere crecer! Es lo más extraño y lo más insólito del mundo. No hace falta más que escuchar a un niño de seis años decir «Cuando yo era pequeño...» porque considera una época muy lejana cuando tenía tres o cuatro. Según tu opinión, ¿en qué aspectos han cambiado los jóvenes? En realidad creo que no han cambiado mucho. En el modo de vestir, de hablar... La experiencia es fundamental. Igual que el descubrimiento tiene que seguir haciéndolo él solo. Quizás el joven de hoy está mejor informado, y como está mejor informado se cree que sabe más. Pero ante ese descubrimiento personal se va a sentir tan atónito, asombrado y amedrentado como cualquier otro adolescente de cualquier otra época. La esencia de la vida solo se aprende viviendo.

En tus novelas se puede apreciar una amplia variedad de narraciones según el libro y lo que estés contando en ese momento: descripciones hechas a partir de listas, en presente o en pasado; integrar fragmentos en cursiva para llamar la atención sobre un acontecimiento determinado, etc... ¿Consideras que la narración es tan fundamental como la propia trama o los personajes en una buena historia? ¿Qué buscas a la hora de utilizar unas u otras voces?

En una buena obra literaria, contenido y forma tienen que estar íntimamente unidos y servirse el uno a la otra. La trama debe estar al servicio del modo narrativo y el modo de narrar al servicio de la trama. El que se crea que una técnica narrativa le ha servido en una obra y quiera utilizarla en absolutamente todas sus obras, pienso que se confunde.

Por otro lado, a mí también me interesan mucho los diálogos, y me gusta escribirlos. Quizás sea porque me gusta tanto charlar... Pienso que facilitan la lectura, dan vivacidad. Lo que puedo contar por medio de un diálogo no lo cuento con un narrador en tercera persona. Intento que las conversaciones formen parte de la trama y que buena parte de esta se descubra a través de ellas.

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