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 ENTREVISTA 

Paloma Bordons

El Templo #20 (febrero 2011) por Pablo C. Reyna (Cronista)


Algunos autores exploran más el len­guaje, otros prefieren trabajar la his­toria. En tu caso, ¿qué buscas en tus novelas cuando escribes?

Pues busco, cómo no, el equilibrio perfecto: contar una historia que me in­teresa, y que espero que interese a mis lectores, y hacerlo de la mejor manera posible. Podría de­cir que la historia manda, porque las palabras es­tán a su servicio, pero soy exigente a la hora de elegirlas, y las modifico has­ta estar conforme con cómo suenan. Sin embargo, pre­tendo que el lector no note mi esfuer­zo: mi intención es que el texto se lea con facilidad y que no suene grandilocuente sino cerca­no, con parte de la esponta­neidad del lenguaje hablado. Procuro no utilizar más palabras de las necesarias. De vez en cuando hago “podas” para eli­minar las superfluas. En un libro hay una historia y el narrador que la cuenta. Para mí es importante la voz del narrador, que, naturalmente, se compone de pala­bras. A menudo uso su voz para enfocar lo que escribo con una dosis de humor o ironía que no es inherente a la historia.

¿Cuáles son tus libros favoritos y cuáles crees que han sido las lecturas que más han influido en tu estilo?

Cuando era niña me gustaba casi todo. Me entretuve mucho con los libros de Enid Blyton, que ahora se me caerían de las manos. Me gustaba la serie de Oscar, escrita por Carmen Kurtz, me gustaba Pippi Calzaslargas, el detec­tive Tevan Sventon y los libros de otros au­tores nórdicos que tiendo a meter en el mismo saco por­que creo que com­partían una sen­sibilidad especial y una manera muy franca de dirigirse a los niños. Ya más ma­yor, me recuerdo leyen­do fascinada clásicos como Peter Pan, Alicia en el País de las Maravillas o El señor de los anillos. Pero si tuviera que elegir libros concre­tos que me marcaron, elegiría Jim Botón y Lucas el maquinista, de Michael Ende, Emilio y los detectives, de Erich Kaest­ner, la serie de la familia Mumin de Tove Jansson y Kristy, de Babbis Friis. Aunque no siempre es evidente la influencia de esos autores en mis textos, fueron ellos los que me dieron ganas de empezar a escribir.

Siempre he leído mucho y con cada buen libro que leo me parece que apren­do algo que, de alguna manera, aunque mínima e indirecta, acaba incorporándo­se a mi escritura.

En tus libros se repiten al­gunos temas como socie­dades que viven mentiras comunes (los comporta­mientos sociológicos son muy interesantes en no­velas como La gruta de las Escorias o Sombra) o pa­dres demasiado ocupados en el trabajo como para prestar atención a sus hi­jos. ¿Es deliberado o se trata de una casualidad? ¿Qué tienen tus libros en común?

Creo que los autores tendemos a caer una y otra vez en los mismos temas, muchas veces sin darnos cuenta. A veces porque son temas impor­tantes para nosotros, otras porque, habiéndolos trata­do en una ocasión, hemos reflexionado sobre ellos y nos quedan más cosas que decir. Creo que en mi caso hay una combinación de las dos razones. Me gusta que en mis historias haya un componente individual y otro social. Cuando me inventé mi propia socie­dad en Sombra le tome afi­ción al asunto, de ahí que lo haya hecho de nuevo en La Gruta de las Escorias. En cuanto a los padres absorbidos por su trabajo que descuidan a sus hijos, creo que es una preocupación que tengo como madre. El equilibrio entre la vida profe­sional y la familiar me parece un verda­dero desafío y supongo que por eso, aun­que no me identifique especialmente con los padres que describo, el asunto acaba por aflorar en mis novelas.

Me preguntas qué tienen en común mis libros. Mmm. Creo que todos tienen mi sello, un estilo que me caracteriza y me hace reconocible (espe­ro que sólo reconocible y no repetitiva). Mis narradores a menudo se sitúan cerca del lector, y le hacen guiños cóm­plices. Utilizo mucho el hu­mor, a veces por sí mismo, a veces para suavizar aspectos más oscuros de lo que estoy contando. Tengo tendencia a jugar con las palabras, y a veces tengo que contenerme para no abusar de este pequeño placer. Evito sonar pomposa.

En cuanto a mis personajes, pre­tendo que no sean sólo blancos o negros, sino que tengan dentro una moderada gama de grises. No quiero resultar mora­lizante ni dar respuestas. En los libros para más ma­yores, tiendo a los finales abiertos.

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