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Entrevista a...

Santiago García-Clairac

El Templo #22 (junio 2011)
Por Javier Ruescas
4.095 lecturas

Una escena, un personaje, una trama... ¿Cómo suelen ser las ideas de las que luego surgen tus libros? ¿Cómo las desarrollas?

De todas las ideas básicas que se me ocurren siempre desarrollo las más claras. Nunca me han gustado las ideas farragosas y complicadas. Por lo tanto, cuando veo que yo mismo soy incapaz de explicarlas con facilidad y que no consigo resumirlas en dos o tres líneas, desisto de escribirlas. Sé que están desinadas al fracaso.

Siempre parto de una sinopsis bre­ve y nítida. De una idea clara y repleta de contenido. Lo que no quiere decir que sean simples.

En el fondo, uso la técnica de los pintores clásicos que hacían un gran tra­bajo de laboratorio y elaboraban mucho la composición y la simplificación antes de empezar a pintar sus cuadros.

También utilizo la máxima de Eins­tein: «Las ideas complicadas deben expli­carse con mucha claridad».

Ahora bien, lo que de verdad me in­teresa de las historias son los personajes. Una idea que no tenga personajes intere­santes no me parece una buena historia y no le dedico mucho tiempo.

¿Cómo ha afectado a tus libros tu traba­jo en el mundo publicitario y cinemato­gráfico? Para ti, ¿cuál es la principal di­ferencia entre estos campos en los que, por encima de todo, se trata de contar una historia?

En los libros sólo cuentas con tex­tos impresos mientras que en el cine y la publicidad dispones de imágenes en movi­miento, música, voces y efectos de soni­do... y 3D.

Sin embargo, la diferencia no es tan grande como parece a primera vista ya que, al final, el lector sólo busca buenas historias, al margen del soporte.

Cuando escribo, me gusta que mis textos sean visuales para que el lector pueda imaginarlos de una forma concreta, en eso me han influido el cine y la publi­cidad, en ser visual.

También elaboro mucho la psicolo­gía de los personajes que es donde, en última instancia, están las historias.

Hay que recordar una cosa muy im­portante: cuando alguien abre un libro quiere leer, no ver una película. Si quiere ver una película, se va al cine.

Un escritor debe tener claro que es­cribe novelas.

Una de tus facetas principales es la de dibujante de historietas y comics. Mu­chas de tus novelas, como las historias de Maxi, las has adaptado a este forma­to, ¿qué es lo más complicado de pasar una historia hecha con palabras a dibu­jos y textos?

Lo más complicado es entender el texto que ilustras.

Si eres el autor del texto, el trabajo es más fácil siempre y cuando sepas dis­tinguir muy bien el papel que interpretas. Cuando escribes, manejas texto y cuando ilustras manejas imágenes. Es fundamen­tal no confundirse.

Así que, ilustrar es una labor que está al servicio del texto.

Cuando dibujo storyboards de pelí­culas me pongo a las órdenes del director y cuando escribo un guión o un libro, soy el director.

 

¿Cuáles son tus principales influencias?

Desde luego, las más importantes son literarias: Cervantes, Verne, Kafka (del que algún día dibujaré La metamorfosis), Walter Scott, Dumas, García Márquez…

En imágenes, la pintura de Veláz­quez, Goya, Ribera… Las películas, los có­mics, las series de animación…

En fin, me han influido muchos crea­dores de historias, usen la plataforma que usen, a condición de que sean creativos.

Admiro a los que saben contar histo­rias que la gente entiende con facilidad.

Tanto en tu exitosa trilogía El Ejército Negro como en Milmort nos encontra­mos con historias contadas a través de dos hilos temporales diferentes, ¿a qué se debe esta fascinación tuya por las dobles corrientes a la hora de narrar?

Hace la historia más apasionante. Es como cuando hablas con alguien y recuer­das las cosas pasadas e imaginas otras fu­turas. Indudablemente, hace la conversa­ción mucho más interesante.

Alguien dijo que si querías hablar de un tema debías mostrar lo que le rodea, y ese sistema me ayuda mucho. Si hablas de una ciudad, narra lo que pasa en la periferia.

Además, el doble nivel exige más aten­ción por parte del lector y le ayuda a profun­dizar. Aseguran que el placer es mayor.

Aunque no todas mis obras se cuen­tan en dos niveles (muchas son planas o li­neales), las que mencionas requieren una estructura más compleja para ser mejor apreciadas.

Ni El Ejército Negro ni Milmort ten­drían el mismo interés si las hubiera con­tado de forma lineal. Digamos que re­querían esa fórmula. Eso las hace más apasionantes.

Tus novelas destacan por su cuidada ambientación. Tanto en Milmort como en El ejército negro, la época histórica escogida es la Edad Media. ¿Cómo te do­cumentas para lograr esa verosimilitud?

La documentación es el alma de las novelas de época, así que conviene dedi­carle mucho tiempo. Una buena novela mal ambientada difícilmente tendrá interés.

De todas formas, a mí me parece que la verdadera ambientación de una novela de época no está en el mobiliario, las ropas o las armas, está en la actitud de los personajes. Un personaje medieval no actúa igual que uno de nuestra época.

Eso es exactamente lo que da el tono de la ambientación. Así que la docu­mentación hay que buscarla en la psicolo­gía de la gente de la época sobre la que escribes. Y eso es más difícil que buscar datos sobre artilugios y objetos y ropas.

 

En tu última saga, Milmort, el lector se adentra en un mundo regido más por la muerte que por la vida, ¿cómos surgió la idea del héroe que debe morir mil veces?

Milmort cuenta la historia de un jo­ven príncipe que pierde la vida y desea recuperarla. El castigo que le imponen es salvarla mil veces para que la valore.

Creo que en esta vida perdemos muchas cosas debido a que no las aprecia­mos bastante. De ahí proviene la historia, de la necesidad de conservar y luchar por lo que tenemos.

Milmort es una novela de caballería que se adentra en los oscuros vericuetos de la muerte para dar valor a la vida. Mo­rir para vivir. Si conoces la muerte, de­seas vivir más que ninguna otra cosa. Es una historia que pretende valorar la vida.

Es un mensaje tan sencillo que, a veces, lo olvidamos. Hay que apreciar lo que se tiene y luchar para mantenerlo, cueste lo que cueste.

Normalmente publicas sagas y no nove­las sueltas. ¿Por algún motivo en par­ticular? ¿Tienes pensado escribir alguna historia de un solo tomo?

En realidad, uno no domina esa situa­ción. Las novelas exigen su propio espacio y no puedes hacer nada para cambiarlo.

De hecho, El Ejército Negro nació como una novela corta pero creció sola y pidió convertirse en una trilogía sin que yo pudiera hacer nada para impedirlo. Creció en mis manos igual que un niño.

Milmort requirió dos tomos y no fui capaz de rebajar esa exigencia. Cuando la terminé me di cuenta de que no habría sido capaz de contarla en un solo libro.

Así que, en ese terreno, tengo poco poder. Estoy en manos de mis historias. No obstante, tengo publicadas va­rias novelas sueltas.

Ahora estoy acabando una historia que iba a ser una trilogía y que se va a convertir en un solo tomo. En el fondo, son las historias las que mandan. Nosotros nos limitamos a obedecer.

Según tu biografía, desde pequeño te ha gustado contar historias. ¿Qué le diría el Santiago García-Clairac de diez años al de hoy en día?

Supongo que el de diez años debe de estar contento al ver que he plasmado muchas historias que son el resultado de esa inquietud que tenía a esa edad. Así que me diría que todo ha valido la pena.

Ha sido un camino largo pero, entre los dos, hemos conseguido realizar nuestro sueño. Entre los dos hemos escrito y di­bujado libros, spots, películas y cómics. Hemos creado personajes que han calado y tenemos la mochila llena de ideas.

Espero haberle dado la gran satis­facción de dar vida a muchos proyectos.

En todo caso, al de diez años, le prome­to que intentaré hacerlo mejor. Me queda mucho por aprender.

 

Sabemos que buena parte de tu tiempo la dedicas a visitar centros escolares y a charlar con los jóvenes. ¿Qué te apor­tan estas experiencias como escritor?

Son grandes experiencias que te marcan como autor.

Considero que es un gran privilegio hablar con mis lectores.

Todas las sesiones que he tenido con ellos me han enriquecido y me han aportado cosas nuevas. Estoy encantado de practicar esa actividad. Y estoy engan­chado a ella.

Como escritor me proporciona una visión diferente de lo que he escrito. Su­pongo que es verdad que los libros son más de los lectores que de los autores. Yo lo tengo muy en cuenta.

En fin, vida y experiencia, eso es lo que me da.

En esta sociedad sobresaturada de información, qué consejo le darías a un joven que quiera llegar a publicar sus historias.

Primero, que se asegure de que quiere escribir historias por pasión y no por otros motivos.

Segundo, es necesario que sepa que publicar una sola obra no es nada, hay que permanecer.

Tercero, si tu primera obra es mala, es difícil que vuelvas a publicar.

A mí me parece que ahora no es tan difícil publicar, lo difícil es acertar con la editorial. Creo que cada día se publican más libros, hay más autores y nacen nue­vas editoriales. Y eso trae mucha confu­sión y crea demasiados autores que publi­can una sola vez.

Para evitar caer en esa trampa, por encima de todo, hay que escribir las mejores historias que uno sea capaz. Eso ayuda a publicar y a permanecer.

Yo creo que no es cuestión de en­viar el pergamino a muchas editoriales, es mejor elegir las que tienen algo en común con la obra. Y es que no todos los libros se pueden publicar en cualquier editorial.

Así que elige bien la historia que es­cribas y selecciona bien la editorial en la que quieras publicar. Sé exigente contigo mismo. Muy exigente.

 

Últimamente se están poniendo de moda las novelas transmedia, aquellas que, además del libro, ofrecen otros contenidos complementarios en diver­sos formatos, ¿qué opinas sobre ello? ¿Crees que ese es el futuro de la lite­ratura juvenil? ¿Te has planteado algún proyecto de este estilo?

Las novelas transmedia existen por­que hay tecnología que lo permite igual que existirán novelas telepáticas cuando sea posible.

Yo creo que esa fórmula está bien y que la literatura tiene que estar abierta a todo lo que surja.

No tendría inconveniente en hacer una novela transmedia si se me ocurriese una buena idea o se dieran las circunstan­cias adecuadas.

¿Quién se opone al futuro?

Ahora bien, a mí me interesan más los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad desde el punto de vista emocional y psicológico. Me ape­tece más averiguar cómo está cambian­do la gente, cómo piensa, cuáles son sus nuevos deseos ante los cambios que se están produciendo en el mundo que en buscar nuevas plataformas para contar historias. Una buena historia lo soporta todo, las malas necesitan muchos artilu­gios a su alrededor.

De todas formas, son dos cosas compatibles. Se puede hacer una novela transmedia sobre unos personajes que vi­ven historias apasionantes pero no se pue­de «transmediar» una historia aburrida.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Siempre tengo varios proyectos en marcha pero no sé cuál terminaré antes.

Hay varias cosas que estoy a punto de finalizar así, que, a riesgo de equivo­carme, os diré que tengo una historia de ciencia-ficción, otra medieval y un par de infantiles. En fin, ya veremos.

Estoy experimentando con libros muy ilustrados, con referencias visuales en Internet. En fin, mis proyectos oscilan entre la escritura y la imagen.

Ah, y tengo en cartera un guión para una novela gráfica.

En fin, no sé si podré con todo, pero estoy como una moto.

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