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Entrevista a...

Verónica Murguía

El Templo #50 (febrero 2016)
Por Estefanía Moreno
1.688 lecturas
Verónica Murguía ganó en 2013 el Premio Gran Angular con Loba, convirtiéndose así en la primera mexicana en obtener este galardón. Loba es una novela que le llevó más de diez años y que nos recuerda a las novelas de fantasía medieval de caballeros y dragones. Verónica es locutora de radio, profesora, ilustradora... y autora de varias novelas juveniles e infantiles, de las cuales recientemente SM ha reeditado El fuego verde. En esta entrevista repasamos su trayectoria y le preguntamos sobre su estilo y forma de trabajo.

En 2013 ganaste el premio Gran Angular con Loba. ¿El premio supuso algún cambio en tu vida como escritora?

Muchísimos. En primer lugar, aunque suene ingenuo, me dio una porción de seguridad en mí misma. Soy una escritora tardía, me he dedicado a temas que no son mexicanos y con un estilo poco comercial, lo cual me ha puesto en un lugar un poco apartado. Además, soy insegura desde siempre. Tengo una obsesión con la exactitud en el lenguaje, lo cual no está muy de moda: el mercado exige velocidad y yo, por más que me esfuerce, produzco con lentitud debido a mis obsesiones.

Gracias al premio ahora siento que los libros, tarde o temprano, encontrarán sus lectores. Además, y no es poca cosa, me permitió conocer Madrid. Yo había estado cuatro días en Barcelona y tenía muchas ganas de ver un poco más de España. Fueron pocos días, pero inolvidables. Los libros suelen ir antes que yo, llevándome por la vida.

Confesaste que Loba te llevó diez años de trabajo. ¿Cómo fue el proceso desde que surgió la primera idea hasta la finalización de la obra?

Estaba en Canadá, en un residencia para artistas escribiendo otro libro, este para adultos pero igual de temas medievales. Era invierno, estuve dos meses muy fríos. Una tarde, al ver el sol ponerse en el bosque, imaginé que las copas de los árboles se incendiaban. Esa fue la primera aparición de Tengri, el dragón, en mi mente. En ese mismo viaje conocí a los cuervos, aves inteligentísimas. El cuervo es el dios travieso de los mitos de los indígenas canadienses, el Loki de esas mitologías. Yo ya los amaba, por ser los consejeros de Odín, por su identificación con la memoria y la inteligencia: Hugin y Munin. Munin se llama el padre de mi Cuervo. Bran, el fundador mítico de Inglaterra es un cuervo blanco. En Canadá conocí en persona, si se puede decir así, a coyotes —en lugar de ver lobos, que es difícil—, con el pelaje plateado; martas; alces. Vi ciervos, un río que se congelaba poco a poco. La escenografía de mi historia. Luego me puse a leer e imaginar. Se me cruzaron los mongoles, los halcones. Moriana, Tarkán y Alosna se fueron poblando poco a poco.

 

Leyendo Loba, te das cuenta de que muchos de sus personajes y animales son símbolos (la avaricia del dragón, la pureza del unicornio...). ¿Fue tu intención dotarles de esa simbología?

Sí. Pero solo la recuperé, le di el significado que tenían antes. El dragón es avaro y sabio en todas las leyendas del norte. Fafnir simboliza la avaricia. En Beowulf el dragón despierta por el robo de un vaso y de ahí el duelo final con el rey, ese rey que es la suma de tantas virtudes. En El Hobbit, Smaug se despierta por el anillo. Siempre están dormidos sobre una montaña de oro. Una noche me desperté con el corazón en la garganta, creyendo que había comprendido: el dragón es un hombre, pero a la centésima potencia. ¿Qué ansía el ser humano? Poder y dinero, siempre más y más. ¿Cuántos hombres inteligentes no arruinan su vida por obtener riquezas que no se pueden gastar en una vida? Y el Unicornio, bueno, el mito medieval lo muestra como feroz y puro. Es la pureza en acción, una idea que no tiene un pelo de ñoña. No sé porqué ahora es tan dócil, en esos juguetes llenos de corazoncitos. Por lo menos, el mío es ferocísimo.

En algunos aspectos, Loba nos recuerda a la obra de Tolkien y de Ursula K. Le Guin. ¿Cuáles son los autores que han tenido una mayor influencia en tu obra?

Me imagino que ellos dos y ojalá que Marcel Schwob. Tengo una foto de Ursula K. Le Guin frente a mi escritorio y una de Ian McKellen como Gandalf. Traigo puestos unos zapatos a los que les pirograbé la leyenda Not all who wander are lost (no todos los que vagan andan perdidos), una frase de Gandalf. Cuando leí El señor de los anillos y El mago de Terramar, que fue tarde, ya en la Universidad, me pusieron la vida de cabeza. Cuando supe del premio soñé con ellos, con los dos. Estaban en una mesa y me invitaban a sentarme. Entonces me decían que me aceptaban como aprendiz en su gremio y me ponían un broche en la camisa. El gremio era el de los «fabricantes de dragones» (¡!). Ese sueño me mantuvo feliz durante semanas.

Hemos leído que de pequeña disfrutaste mucho con las novelas de Verne o Salgari. ¿Cuáles recomendarías a los lectores que no han leído nada de esos autores clásicos?

Mi libro favorito de la infancia y de parte de la adolescencia fue Los tres mosqueteros. Me gustan mucho Verne y Salgari, pero Athos es uno de mis personajes favoritos en la vida, todavía ahora. Hace dos años en un congreso de LIJ, en medio de una conversación acerca de la identificación de los lectores con los personajes, me di cuenta de que toda mi infancia, cuando fui una niña gregaria, miedosa y que naturalmente no bebía una gota, quise ser un mosquetero audaz, borracho, solitario y taciturno. Athos. Recomiendo Los tres mosqueteros con toda el alma.

 

También has escrito varias novelas infantiles, como Mi monstruo mandarino y Nueve patas. ¿Qué es lo que más te gusta de escribir para niños y para jóvenes?

Me alegran, me divierten. Los otros me dan mucho trabajo y las alegrías a lo largo de la escritura son más escasas. Así es, me imagino, para todos.

En 2005 el Banco del Libro de Venezuela declaró a Auliya como uno de los mejores libros del año. Y de este libro hemos leído que nació de un sueño durante un viaje. ¿De dónde surgen las ideas para tus novelas?

De sueños, frases, lecturas, intuiciones, de visiones, de paisajes, de todo. De la música. De todo lo que me rodea. Auliya salió de una visión de un paisaje desértico que me agobió, como que me dio un breve ataque de agorafobia, no supe bien qué pasó. Esa misma noche soñé que iba al mar a pie, siguiendo un arroyo porque no podía permanecer en el desierto donde el cielo me pesaba tanto, donde no había ni un árbol para interponerse entre la inmensidad y mi cabeza.

Este mes se reedita El fuego verde. ¿Qué nos puedes contar de esta novela?

El germen de esa novela se me ocurrió al ver una representación de Sueño de una noche de verano con la compañía de Lindsay Kemp. Fue perfecta. Salí pensando en lo claramente que Shakespeare muestra el tedio de los elfos; cómo Titania y Oberon se pelean por un ser humano. Y creí entender que la eternidad puede ser aburrida, que los elfos necesitan seres humanos pasionales y falibles para darle sentido y emoción a sus vidas interminables. Esa es la trama de decenas de leyendas, del amor de los dioses por las mujeres, de Zeus por Ío, todo eso. Mi personaje tendrá que escoger entre el amor que ella siente por un elfo y el amor que siente por un hombre. Entre vivir para siempre o vivir con la intensidad con la que vivimos aquellos que sabemos que nuestra vida es corta, que estamos hechos de materia frágil y perecedera. Y la escritura, los libros en la Edad Media, que eran valiosísimos.

Tu obra se ha traducido al alemán e italiano. ¿Has tenido contacto con lectores de esos países?

Auliya y El fuego verde se tradujeron al alemán y años más tarde estuve en un festival literario en Berlín. El fuego verde es un libro muy septentrional que los chicos en Alemania leyeron con mucha naturalidad. En él hay elfos, runas, ese mundo germánico que yo solo conocía a través de la lectura. Todo eso de El fuego verde para mí, habitante de un país americano, es un imaginario exótico. Para ellos lo exótico era yo.

En Italia no he hablado más que con la gente que tuvo qué ver con la hechura del libro, con su publicación. Ese es un libro para adultos. Hace un año le dieron un sello de calidad literaria. Me puse feliz, porque el primer cuento sucede en la Italia medieval. La portada de la versión italiana es una foto del castillo donde suceden las cosas, castillo que no conozco más que en libros. Algún día iré.

 

Locutora de radio, profesora, periodista, traductora... También cursaste Artes Plásticas e Historia, pero lo dejaste a un lado para dedicarte a la escritura. ¿Cómo supiste que esa era tu vocación?

Porque lo que más me gusta en esta vida es leer. Pero la lectura pasional de Historia sigue, el estudio sigue, todo ocurre en la Edad Media europea. Cada vez que miro una catedral gótica me conmuevo, amo esa arquitectura, esa poesía, esa pintura. Nunca he abandonado la Historia. Creo que es Forster quien dice que la novela es como un valle entre las cordilleras de la Poesía y la Historia. En ese valle hay un departamento (piso) con una pared donde hay una foto de Ursula K. Le Guin, una foto de Ian McKellen de Gandalf y una señora envuelta en una bata de franela leyendo sobre la Peste Negra (yo).

Llevaste las riendas del programa de Radio Educación «Desde acá los chilangos». ¿Qué aprendiste de esta experiencia?

Que no es lo mismo oír rock en vivo todas las semanas cuando estás en tus veintes que en tus treintas. Al final ya estaba un poco aturdida. Pero me divertí como loca, aprendí mucho del productor, Arturo Ortega. Trabajé en equipo con personas inteligentes y comprometidas. Es un trabajo en el que estás presente de forma total, si te distraes se nota. Me convirtió en una descarada, además. Yo leo donde sea, ante quien sea, sin mucha vergüenza, sin temor, la verdad. La radio es muy cercana a la gente, es fabulosa. Pero prefiero escribir.

¿Estás trabajando actualmente en alguna novela?

Sí, una novela para niños chiquitos donde la heroína se hace amiga de un murciélago. Es que el murciélago es un animal importantísimo para la flora mexicana y tiene una mala fama inmerecida que lo pone en peligro. El murciélago poliniza casi el 60% de las plantas. Son seres maravillosos y muy bellos. En esta ciudad hay muchos, se comen los mosquitos. Los mosquitos, esos sí son un peligro.

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