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El pasado 11 de abril se dieron a conocer los ganadores de la 41ª edición de los premios SM. Este año, Blanco de tigre, de Andrés Guerrero, se ha hecho con el Premio Gran Angular y Los escribidores de cartas, de Beatriz Osés, con el Premio El Barco de Vapor.

La rueda de prensa reunió a los dos autores galardonados y al equipo editorial de SM. Durante el evento, Gabriel Brandariz, gerente editorial, explicó el camino que recorren cada año los editores de SM para dar con las obras ganadoras: desde el largo proceso de lectura de los manuscritos recibidos hasta la selección de los finalistas que valorará el jurado. Además, destacó que para que un libro reciba el reconocimiento que supone un Barco de Vapor o un Gran Angular, debe cumplir tres requisitos: calidad literaria, valor formativo y conexión con el lector.

Andrés Guerrero, Premio Gran Angular, fue el primero en intervenir. El autor de Blanco de tigre lleva trabajando en el mundo editorial más de cuarenta años: comenzó ilustrando libros infantiles —algunos escritos por él mismo— y en 2009 ganó el Premio CCEI de Ilustración por Cinco ovejitas. Andrés explicó que fue su mujer la que lo animó a terminar la novela y a presentarla al Premio Gran Angular, y que recibir este reconocimiento ha sido un estímulo muy grande: «Hay una parte de mí que no se consideraba escritor, sino un intruso, y este premio me ayuda a borrar esa sensación». Además, destacó que «tanto por su prestigio como por su dotación económica, el Gran Angular es el mejor premio de literatura juvenil». Blanco de tigre es, en palabras de su autor, «una historia de la lucha por la libertad, por la vida y por las diferencias». Se trata de una novela que bebe de otras como El libro de la selva o Las aventuras de Tom Sawyer, muy presentes, desde siempre, en la vida de Andrés. El jurado ha destacado su «canto a la naturaleza, que también es un relato de aventuras, amor, fortaleza y sacrificio».

Por su parte, Los escribidores de cartas, Premio El Barco de Vapor, cuenta la historia de Noaberri, un pequeño pueblo en el que la gente ya no envía cartas. Iria, la protagonista, removerá cielo y tierra para salvar el empleo de su abuelo, que trabaja como cartero. El jurado ha subrayado que se trata de una novela que «reivindica la comunicación tradicional en una época en la que estamos hiperconectados». Beatriz Osés, su autora, ya es una cara conocida en el panorama de literatura infantil y juvenil nacional. En 2018 fue galardonada con el Premio Edebé de Literatura Infantil por Soy una nuez y su saga juvenil Erik Vogler va ya por su séptima entrega. Durante la rueda de prensa, Beatriz contó que escribió esta novela para cumplir una promesa que le hizo a su mejor amiga, y que la inspiración que hay tras la historia tiene que ver con lo presentes que han estado las cartas en su vida: «De pequeña, llegaba a casa, miraba el buzón y, si veía una carta, era un buen día».

Una vez hecho público el anuncio de los ganadores, llega el mejor momento: ¡leer las novelas! Los escribidores de cartas y Blanco de tigre están disponibles en las librerías desde el 12 de abril.

Categorías actualidad literaria
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El pasado martes nueve de abril, el anfiteatro de la Casa del Libro de Gran Vía viajó en el tiempo a un año 2500 aparentemente de ensueño. En esta línea temporal, la muerte es cosa del pasado: hace siglos que fue propagado un virus que concede la inmortalidad a la especie humana. Quizás esto te suene bien, pero solo hasta que expliquemos el porqué de ese «aparentemente»: cuando cumples doscientos años, tu organismo colapsa de golpe y no te queda otra opción que existir como conciencia en un cuerpo tan decrépito que no puede hacer nada por sí mismo. Este fenómeno es conocido como la Decadencia.

La cosa no queda ahí: hay toda una trama de conspiraciones, misterios ocultos y aventuras que Johanna tendrá que superar para encontrar una solución a este embrollo monumental. Johanna es la protagonista de la historia y casi cualquier cosa más que digamos sobre ella podría considerarse spoiler. Ese es uno de los motivos por los que la presentación de Infinitas mantuvo a todos los asistentes en vilo: la autora, Haizea M. Zubieta, fue presentada por su compañera de oficio Iria G. Parente, y las dos hicieron malabares para conseguir engancharnos a la novela sin desvelar ninguno de sus muchos secretos.

Un mundo tan complejo como el de Infinitas plantea cuestiones de lo más interesantes, así que es normal que el público se lanzara en la ronda de preguntas. ¿Qué pasa con la religión una vez que el ser humano se ha convertido en dueño y señor de la muerte? Si nadie puede morir, ¿no supondrá la superpoblación un problema grave? ¿Cómo influye la inmortalidad en la diversidad funcional? ¿Y en la jubilación? A pesar de tratarse de su primera novela, Haizea tenía respuestas para cada planteamiento; el trabajo de worldbuilding fue uno de los más importantes durante el desarrollo de la historia. 

Otro punto curioso del que se habló fue el proceso de creación de la portada. Haizea cuenta que antes de que Xulia Vicente —la ilustradora que dio vida a Johanna y a Laura— se pusiera manos a la obra, lo único que tenía claro es que quería que las chicas aparecieran dándose la mano y que no quedaran dudas sobre que Johanna era negra, para que el espectador la imaginara desde el principio tal y como es.

Durante el transcurso de la presentación también dio tiempo a hablar de la importancia de luchar contra tropos literarios como el bury your gays, de introducir a personajes femeninos diversos y fuertes y de contar infinitos chistes malos (créditos a la autora por este).

Categorías eventos literarios
100 lecturas

La Casa del Libro de Gran Vía es un lugar de encuentro entre autores y lectores, y rara es la semana en que no acoge algún evento literario. Pero, en ocasiones, allí también se habla de música, como hizo el miércoles de la semana pasada Gabriel Sánchez García-Pardo: profesor de teatro, escritor… y compositor de canciones mortales.

Así es El vals de las hadas malditas, la canción que da nombre a su última novela, que presentó junto a nuestro redactor Sebas G. Mouret en la céntrica librería madrileña. Guiado por su presentador, Gabriel nos descubrió la premisa de su libro: una canción que mata al instante a todo aquel que la canta, silba o tararea… salvo al Acordeonista Muerto, que ya no tiene nada que perder. Él es fue uno de los fallecidos durante la Noche del Velo, que maldice a todos aquellos que nacen y mueren durante ella. Jillian llegó al mundo esa noche, lo que la convierte en la protagonista de la novela y la conecta con una serie de escabrosos asesinatos y una peligrosa rebelión.

El vals de las hadas malditas es la primera incursión de Gabriel en la literatura juvenil, fruto de su afán por aplicar a la literatura fantástica los conocimientos sobre novela policíaca adquiridos en un máster de escritura creativa. Durante la presentación nos contó que la idea de la canción mortal nació mientras escuchaba uno de los temas de la banda sonora del videojuego Fable, compuesto por Danny Elfman. A partir de esa idea comenzó a tirar del hilo y a construir la trama haciéndose preguntas sobre el origen de la canción y su papel en la historia (él definió esta parte del proceso creativo como la «Teoría del ovillo de lana»). Después llegarían el susodicho acordeonista, Jillian y la Rebelión de las Cinco Caras.

Si tuviéramos que destacar las declaraciones clave del autor nos quedaríamos con dos: su trabajo tiene una gran influencia en su estilo, que define como «muy teatral», y la canción que mata existe realmente. Él no se atrevió a cantarla en la presentación, pero los más valientes podrán encontrar su letra y partitura entre las páginas de la novela.

«Mi acordeón aúlla una canción que habla de un largo invierno. Un compás asesino que solo yo me permito tallar en rimas escritas. Tú jamás lo repitas, porque este es el Vals de las Hadas Malditas».

Si la peligrosa canción de Gabriel ha despertado vuestra curiosidad, no perdáis de vista El Templo de las Mil Puertas. Publicaremos la reseña de la novela en el próximo número de la revista.

  

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