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Emili Teixidor

El Templo #76 (junio 2020)
Por Irene Vílchez Sánchez
57 lecturas

Emili Teixidor i Viladecàs nació el 22 de diciembre de ¿1932? ¿1933? ¿1934? La parroquia de su pueblo afirma que, según el libro de baptismo, nació en el primer año; y así consta también en la Enciclopedia Catalana. Sin embargo, varios biógrafos e incluso las notas de autor de sus libros apuntan hacia el segundo. Y en la solapa de Pan negro, su obra magna, aparece el tercero. Los que le conocían bien creen que se divertía con la fecha de nacimiento, que «era muy presumido y se quitaba años»1.

Fue un escritor muy versátil: si bien la mayor parte de su producción fue literatura infantil y juvenil, también escribió novelas para adultos, guiones de radio, televisión y cine; ensayos, artículos periodísticos… Aunque dedicó gran parte de su vida a la escritura, también fue maestro, pedagogo, periodista, editor y traductor (de hecho, la mayoría de sus obras traducidas del catalán al castellano las tradujo él mismo). Para él, «sin la literatura no seríamos lo que somos. No seríamos humanos»2. Y fue a esta, en todas sus formas, a la que dedicó su vida entera.

Una infancia marcada por la posguerra

Nació en Roda de Ter, un pequeño pueblo de la Cataluña central a unos ochenta kilómetros de Barcelona, poco antes de la Guerra Civil. La posguerra le marcó profundamente, y tanto este período como su pueblo natal se reflejarán magistralmente en su obra.

De niño conoció al famoso poeta catalán Miquel Martí i Pol, quien, con el paso de los años, se convertiría en uno de sus grandes amigos. Aunque este último era cuatro años mayor, en aquel pueblecito iban todos a la misma aula. A ambos les interesó desde bien pronto la literatura: de hecho, fundaron, junto con otros jóvenes del pueblo, la Peña Verdaguer, un grupo literario que se reunía semanalmente.

Este amor por la lectura quedó latente en sus años universitarios, donde conoció a otros grandes de las letras catalanas como Joan Solà, Antoni Comas, Gabriel Ferrater, Blai Bonet, Salvador Clotas o Joan Brossa, con quienes organizaba tertulias literarias.

Su juventud lectora estuvo fuertemente marcada por la clandestinidad. Se quejaba de que las obras que le interesaban estaban prohibidas y, las que no, «eran una especie de biblioteca salesiana que no iba a ninguna parte»3. Sin embargo, se fue espabilando y solía conseguir libros en la trastienda de un librero amigo.

Un gran maestro

A Emili Teixidor se le recuerda como un gran maestro, en todos los sentidos. Hizo de la educación su lema de vida. Con tan solo catorce años se inició como ayudante en una escuela. Su vocación le llevó a estudiar poco después Magisterio en Barcelona, ciudad donde más tarde fundaría el colegio Patmos con el objetivo de renovar pedagógicamente la enseñanza. Antes de esto ya había ejercido de maestro en Osona, su comarca natal. Sin embargo, Teixidor sentía ansias por el saber, lo que le llevó a estudiar, además, Derecho, Filosofía y Letras y Periodismo en la Ciudad Condal; y, más tarde, medios audiovisuales en París.

Su devoción por niños y jóvenes

Defendía que «privar a un niño del encanto de la narración (…) es como un enterramiento en vida»4 y, por eso, durante sus años de docencia, intentaba inculcar a sus alumnos el amor por la lectura. Para él, «contagiar el deseo de leer (…) solo se puede conseguir (…) sin imposiciones»5; se trataba de «encender una zarza con el fuego que nos remueve, por el simple contacto de una llama»6. Pensaba que era indispensable que un maestro leyera; de lo contrario, este solo podría «transmitir su propia vaciedad»7.

No fue hasta finales de los años 60 que nació como escritor. Junto a tres grandes nombres de la literatura infantil y juvenil catalana —Josep Vallverdú, Joaquim Carbó y Sebastià Sorribas—, dio forma a la propuesta de una editorial surgida para poner fin a la falta de obras para esta audiencia en catalán, su lengua.

Se estrenó en 1967 con Un aire que mata (originalmente, Les rates malaltes [Las ratas enfermas]) y dos años después le siguió Marcabrú y la hoguera de hielo (originalmente L’ocell de foc [El pájaro de fuego]), que se convertiría, con el tiempo, en un clásico de la literatura juvenil catalana.

Teixidor tenía claro cuál era su público: todo aquel que pudiera ser su alumno. Para él, «la lectura es un espacio de transgresión, de rebeldía»8, donde los jóvenes podían encontrar «aquellas voces que interpretan el mundo y sus intereses»9.

Además, consideraba que, en los libros infantiles y de la primera juventud, se encontraban «cualidades que los hacen especialmente preciosos para guardarlos en la memoria»10. Esto era una de sus mayores gratificaciones de escribir para niños y jóvenes. Él escribía para explicar el mundo, pero también imaginar y construir otros. Creía que «los libros nos llevan a mundos imaginarios, inventados y fantásticos que solo existen gracias a las palabras que encienden nuestra imaginación»11, y que en sus libros había un espacio de libertad para que cada persona construyera el suyo.

Pensaba que no se tenían que hacer distinciones entre las novelas dirigidas a diferentes públicos, sino que los niños y jóvenes tenían que poder leer sobre cualquier tema. La única diferencia que encontraba es que ellos eran «un público lector muy exigente (…), hace falta respetarlos»12, mientras que «al público lector adulto no hace falta respetarlo, sino molestarlo»13.

Al mismo tiempo, Teixidor hizo un gran trabajo como editor, ya que lideró la colección «El Nus» de la editorial Laia, donde se publicaron un buen número de obras juveniles. Ya en la década de los 70, participó en las revistas infantiles y juveniles Oriflama, Cavall Fort y Tretzevents y, al volver de una estancia en París, dirigió Ultramar, una filial de la editorial Salvat.

Durante esa época, mientras continuaba cultivando su obra para niños y jóvenes, fue también guionista y periodista: escribió guiones para series, largometrajes e incluso cómics, además de colaborar en revistas de pedagogía y en medios de comunicación como los periódicos Diari de Barcelona, Avui y El País.

Llegó a escribir, a lo largo de su carrera, 23 obras infantiles y otras 15 juveniles. Para los más pequeños escribió títulos como Renco y el tesoro o la serie de la hormiga Miga (Piga para los lectores catalanes), que consta de nueve volúmenes.

El resto de su obra se podría dividir en dos partes. Por un lado, las de intriga y pandilla estaban mayormente protagonizados por un grupito de niños o jóvenes y se desarrollaban a partir de una investigación. Con esta temática podemos encontrar Diego, Berta y la máquina de rizar niebla, que denuncia el poder excesivo de las máquinas; Sempre em dic Pere [Siempre me llamo Pere], que introduce la problemática ecologista; Les ales de la nit [Las alas de la noche], donde una pandilla debe solucionar un misterio, o los dos libros independientes protagonizados por el inspector Garrofa, El crimen de la hipotenusa y El crimen del triángulo equilátero. Por otro lado, escribió novelas con una gran ambientación histórica, lo que se extendió a su producción adulta.

La pasión por la narrativa histórica

Teixidor afirmó en más de una ocasión que «los novelistas, como la memoria, intentamos dar coherencia al pasado»14. Quizás fue esta fidelidad a la memoria lo que le llevó a escribir un buen puñado de novelas históricas.

En las de corte juvenil, la trama se situaba en un tiempo bastante alejado al actual. La más destacada es Marcabrú y la hoguera de hielo. Situada en la infancia del rey Jaime I de Aragón, cuenta la historia de Marcabrú, un juglar principiante de once años que recorre el mundo con a otros tres. Este decide hacerse caballero y luchar al lado del rey, pero pronto descubrirá que los nobles le buscan porque es hijo de Ramón de Trencavel (un hombre que luchó en la cruzada albigense) o de Aicart de Carcasona (un trovador de este), los cuales, al verse rodeados por los franceses, pusieron a salvo a sus hijos recién nacidos mandándolos con una cuidadora, un soldado y un trovador: los otros tres juglares que le acompañaba. Tal ha sido el alcance de esta obra que ha llegado a vender, aproximadamente, medio millón de ejemplares y se la considera un libro de cabecera de la literatura juvenil catalana. También sobresalen Corazón de roble, ambientada al final de la tercera guerra carlina, y El soldado de hielo, en la que confluyen los hechos de la Guerra Civil Española y la Primera Guerra Mundial.

Por otra parte, la mayoría de sus novelas adultas tenían un trasfondo histórico mucho más cercano. Empezó sus andadas en la narrativa adulta en 1975, cuando ya llevaba una buena trayectoria con la literatura infantil y juvenil, con una recopilación de relatos llamada Sic transit Gloria Swanson. Varios de ellos se sitúan tanto temporal como espacialmente en la infancia del escritor. De hecho, su pueblo, Roda de Ter, se convertirá en una de las ambientaciones claves del resto de sus obras adultas, como Caza menor (originalmente, Retrat d’un assassí d’ocells [Retrato de un asesino de pájaros]), Els convidats [Los invitados] o El llibre de les mosques [El libro de las moscas]. Pero si hubo una novela que lo llevó hasta lo más alto fue, sin duda, Pan negro.

Un pan negro de película

Pan negro consolidó a Teixidor como uno de los mejores escritores contemporáneos de la literatura catalana. La novela evoca la infancia de Andrés, un muchacho que, en los años más crudos de la posguerra, debe pasar un tiempo en la masía de sus abuelos: han encarcelado a su padre, un republicano de firmes ideales; y su madre se ha visto obligada a trabajar en la fábrica. A través de los ojos del chico, pasaremos de la infancia a la edad adulta conociendo algunos de los problemas de la Cataluña rural de la época: el trabajo agotador en la fábrica, la vida de los masoveros, las dificultades de los vencidos o la represión generalizada. Para él, una de las funciones de la literatura era, precisamente, «dar voz a quien no la tiene, hacerse eco de los testimonios que se han resaltado poco o poner en la orden del día el sentido general»15.

Tal fue su éxito que Agustí Villaronga, cineasta catalán, llevó la novela a la gran pantalla, incorporando textos de otros libros suyos como Caza menor y Sic transit Gloria Swanson. La notoriedad de la película alcanzó la de la novela: ganó el Premio Sant Jordi de Cinematografía a la mejor película española, catorce Premios Gaudí y nueve Premios Goya, entre los cuales destacan el de mejor película, mejor director y mejor guion adaptado. Además, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España propuso la cinta como candidata al Oscar a la mejor película en lengua extranjera.

Aunque la adaptación atrajo a un buen número de lectores a su obra, la verdad es que Teixidor pensaba que el cine «elimina la oportunidad imaginativa»16, y que solo la lectura nos convertía «en directores de nuestras películas mentales»17.

Premios, premios y más premios

Con este libro llegó a hacerse con hasta cuatro galardones catalanes de gran prestigio: el Premio Joan Crexells, el Premio Lletra d’Or, el Premio Nacional de Cultura de Literatura y el premio Maria Àngels Anglada. Pero Pan negro no fue, ni mucho menos, su única novela galardonada: recibió un total de dieciséis distinciones, tanto por sus obras infantiles y juveniles, como por las adultas; y, también, por su magnífica trayectoria.

El primer reconocimiento le llegó en 1967 por Un aire que mata, que fue merecedor del Premio Joaquim Ruyra, destinado a novelas juveniles escritas en catalán. Pronto llegaron más, como el Premio de Literatura Catalana de la Generalitat de Catalunya de obra de creación para público juvenil por El príncipe Alí, el Premio Crítica Serra d’Or de literatura juvenil por Corazón de roble o el Premio Apel·les Mestres por En Ring 1-2-3 i el nou món [Ring 1-2-3 y el nuevo mundo]. El más destacado es, sin duda, el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, que recibió en 1997 por La amiga más amiga de la hormiga Miga.

En cuanto a sus obras de narrativa adulta, aparte de los cuatro ya mencionados de Pan negro, recibió dos más: el Premio Crítica Serra d’Or de narrativa, por Sic transit Gloria Swanson, y el Premio Sant Jordi de novela, por El libro de las moscas. También fue merecedor del Premio de Lectura de la Fundación Sánchez Ruipérez por un artículo en el suplemento «Cultura/s» de La Vanguardia.

En 1992 se le concedió, por su trayectoria, el galardón más importante de la cultura catalana: la Cruz de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya. A este le siguieron el Premio Trajectòria de la Setmana del Llibre en Català y el Premio Jaume Fuster dels Escriptors en Llengua Catalana. Además, poco antes de su muerte, en 2012, fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Vic.

Un legado para la prosperidad

Emili Teixidor i Viladecàs falleció el 19 de junio de 2012 a causa de un cáncer de lenta evolución, con el que convivió sus últimos años. Sin embargo, no paró nunca de escribir (de hecho, dejó, como mínimo, una novela en una fase avanzada de redacción), ni de visitar centros educativos, bibliotecas y librerías.

Aunque ya no esté físicamente entre nosotros, su obra es inmortal. En palabras suyas, la literatura es «una vida abierta donde circulan los vivos y los muertos, adonde vuelven los que ya no están y donde cogen forma los que no han existido nunca»18, y que, gracias a ella, «podemos aceptar el don que hacen los muertos a los que vienen después de ellos»19.

Y el mayor don que nos puede dar la literatura, para él, es la memoria. Una memoria que toma forma de historias y ordena el pasado y nuestro interior; que nos reconcilia con él y con nosotros mismos. Sus obras van a estar, sin duda alguna, para siempre en nuestra memoria.

 

 

Referencias

1. Piquer, E. [EvaPiquer]. (2018, diciembre 22). #L’enyorat Emili Teixidor va néixer un dia com avui del 1933. O del 1934, segons la solapa de «Pa negre». La Viquipèdia parla del 1932. El vaig conèixer prou, era molt presumit. Sospito que es treia anys. [Tuit]. Recuperado de https://twitter.com/EvaPiquer/status/1076477265419083776

2. Teixidor, E. (2007). La lectura i la vida. Barcelona: Columna.

3. Nadal, M. (1990). Paraules evocadores. Serra d’Or. Recuperado 21 junio 2020 de: https://www.escriptors.cat/autors/teixidore/1-gener-del-1990-revista-serra-dor

4. Teixidor, E. (2007). La lectura i la vida. Barcelona: Columna.

5. Ibídem.

6. Ibídem.

7. Ibídem.

8. Benassar, S. (2013). Emili Teixidor. Barcelona: Associació d’Escriptors en Llengua Catalana.

9. Ibídem.

10. Teixidor, E. (1998). Qui sóc i per què escric. Institució de les Lletres Catalanes. Recuperado 21 junio 2020 de https://lletra.uoc.edu/ca/autor/emili-teixidor/detall

11. Teixidor, E. (2007). La lectura i la vida. Barcelona: Columna.

12. Domínguez, L. (2000). El Llibre de les Mosques, nou llibre d’Emili Teixidor. Avui. Recuperado 21 junio 2020 de https://www.escriptors.cat/autors/teixidore/2-marc-del-2000-diari-avui

13. Ibídem.

14. Benassar, S. (2013). Emili Teixidor. Barcelona: Associació d’Escriptors en Llengua Catalana.

15. Ibídem.

16. Teixidor, E. (2007). La lectura i la vida. Barcelona: Columna.

17. Ibídem.

18. Ibídem.

19. Ibídem