Último número
Entrevistas
Sarah Dessen, autora de El fin de la historia, Déjate llevar y Primero pide perdón
Clara Cortés, autora de Clementine y Al final de la calle 118.
¿Que te apetece leer?

Cuéntanos qué quieres leer y el Recomendador te dirá qué libros encajan con tus preferencias.

¡Pruébalo!

En casa de...

Maite Carranza

El Templo #3 (abril 2008)
Por R. A. Calle Morales
5.450 lecturas

Trabajo en casa, en la buhardilla del tercer piso, con techos de tres metros de altura y grandes ventanales. Es un estudio amplio y luminoso, con paredes blancas y la presencia viva de mis dos lugares preferidos Turquía y México que me aportan los colores del killim y los tapetes de la mesa. La zona, el Mas Lluís de Sant Feliu de Llobregat, es tranquila excepto a las horas de patio de la guarderia que abrieron hace dos años muy cerca. Los lloros de los niños y los gritos me recuerdan que la vida continúa. Por lo demás miro a lo lejos y descanso la vista de la pantalla contemplando El Bruch, Montserrat y la Sierra de Begas.

 

Mi leonera en estado natural. Priman el desorden, el caos y una cierta sensción de “se está trabajando”. Y así es como sucede, cada mañana me siento ante mi ordenador y respondo mis e-mails, soluciono mis trámites y compromisos y luego abro infinidad de libros, saco papeles de todos los rincones, dejo mi bolso abierto sobre el sofá, desparramo el móvil, las llaves, los pañuelos... y comienzo a escribir en mis libros o guiones. Por ahí quedan tazas de café, post-its, agendas, carpetas y demás. Una vez cada quince días hago limpieza y cuando he finalizado una tarea larga me remango y reorganizo archivadores y papeles y lleno un montón de bolsas de basura.

 

A mis espaldas cuando trabajo, me siento protegida por mis libros. En estas estanterías más próximas, reorganizadas mil veces, he optado finalmente por la emotividad y el pragmatismo. Tengo mis libros en todas las lenguas, mi colección de literatura catalana y las obras de ficción y ensayo que me son útiles para la escritura de cada obra y para la preparación de mis clases ( imparto talleres de creación de guiones y de escritura literaria) . En mi pequeño televisor visiono películas y series que necesito para mi trabajo como guionista.

 

Mi mesa de trabajo, aparte de estar cubierta de papeles y servir sobretodo para mis llamadas telefónicas y mis reuniones, me sirve también para escribir a mano. Sólo lo hago en los esquemas iniciales o para elaborar listas. Soy fanática de las listas de tareas que a medida que voy solucionando voy tachando. Eso me produce una estúpida satisfacción.

El corcho que tengo a mis espaldas, algo friki, está atiborrado de recuerdos personales. Además de fotografías cargadas de simbolismo de mi familia y amigos, atesoro algunas joyas como un dibujo dedicado de un cocodrilo de puño y letra de Jesús Moncada que reza “una escriptora ximpleta” o una postal de Londres de los años 90 que guardo celosamente y donde se lee mi lema preferido “Life’s too short to dance with ugly men”, además de la fotografía de la Estación de Carranza, del valle de Carranza y del castillo de Albalat y el Sorell que según las crónicas perteneció a mis antepasados “Gil-Dolz del Castellar” y que cualquier día reconquisto. Toda esa ubicación geográfica, simbólica y familiar es por si me pierdo, lo cual ocurre muy a menudo teniendo en cuenta en los mundos en que me meto. El corcho, mi salvación, me sirve para encontrar la salida.

¿Qué dicen nuestros lectores?
UNKNOW en El señor de las moscas: Buen libro y página....
nicolas panguinao en El mar: No le encontré mucho sentido, sigo prefiriendo los libros más lar...
aleix en El Club: ¿Cómo se llaman las chicas que hacen bullying?...
Gary en Obsidian (Lux I): Este libro es maravilloso, quisiera que fuera real, la manera en ...
El zorro en Herejía: No me ha gustado mucho el libro. Es un poco aburrido y difícil de...
Víctor en La historia interminable: Hermoso. ¡¡¡¡Inolvidable!!!!...
Últimas novedades en el catálogo
#CitasCallejeras
Último número