En casa de...
Paloma Bordons
El Templo #20 (febrero 2011)

Este es mi estudio, mi “palomar”. Es un pequeño cuarto en el ático de mi casa. En la foto se ven mis dos mesas, la de escribir, a la izquierda, y la de dibujar, a la derecha. Cuando me harto de escribir, o me bloqueo, me cambio de silla y me convierto en ilustradora por un rato.

Ahí estoy, mirando a las musarañas en mi sillón de pensar. Ese sillón tiene una historia. Cuando nos mudamos a esta casa el sillón ya estaba allí, en el cuarto que decidí convertir en mi estudio. Decidí sacarlo para tener más sitio y me resultó imposible. El sillón no cabía ni por la ventana ni por la puerta. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Acaso ese cuarto había sido construido a su alrededor, sólo para alojarlo? Me resigné a compartir mi espacio con el misterioso sillón. Empecé a sentarme en él cuando me atascaba en mi trabajo y el ordenador saltaba una y otra vez al salvapantallas.
Podría decir que se me han ocurrido grandes ideas allí sentada. Pero lo cierto es que hay sitios que me inspiran más. El mejor de ellos, la ducha. Bajo el chorro de la ducha, por la mañana, a veces tengo pequeñas iluminaciones. Se ve que mi cerebro ha estado trabajando por la noche sin decirme nada y de pronto me ofrece una nueva pista para seguir una historia, o para resolver una trama. Pero claro, fotografiarme en la ducha no me ha parecido oportuno. Un sillón siempre es más literario y decoroso. Mi sillón de pensar. O de mirar a las musarañas.
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