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La chica más fría de Coldtown
Holly Black

Hidra
Reseñas de novedades El Templo#97 (diciembre-enero 2023)
Por Carlota Bouwmans
452 lecturas

Imagina un Estados Unidos postapocalíptico. No te resultará difícil, pues no hay país en el mundo que haya sido asolado en la ficción en tantas ocasiones como este. Esta vez, pongamos que dicho apocalipsis fuese causado por vampiros. Sí, esas criaturas elegantes y atractivas en el umbral entre la vida y la muerte que viven en las sombras y se alimentan de sangre, transmitiendo su condición a través de una mordida.

Holly Black nos propone lo siguiente: los vampiros han existido siempre, tentando a jóvenes descarriados y protagonizando asesinatos sin resolver. Se rigen por un código estricto, que les permite vivir con libertad excepto por una cuestión: no deben convertir a demasiados humanos si no quieren ser descubiertos. Durante siglos han logrado mantener su estilo de vida, hasta que, hace unos años, uno de ellos perdió el control e infectó a cientos de humanos, desencadenando el fin del mundo tal y como lo conocemos.

Ahora, los vampiros viven en ciudades llamadas Coldtowns, abandonados por el gobierno, junto con humanos que quedaron atrapados cuando surgió el brote o aspirantes a la inmortalidad. Canales de televisión retransmiten las fiestas desenfrenadas que tienen lugar entre sus vallas, así como las aventuras de cazavampiros amateurs.

¿Y quién es «la chica más fría de Coldtown»? Se llama Tana Bach, es humana, y desde el día en que se despierta en una fiesta llena de cadáveres, pone rumbo hacia la Coldtown de Springfield acompañada de su exnovio, que está infectado, y un vampiro ancestral con un misterioso pasado.

En los agradecimientos de esta novela autoconclusiva, Holly Black confiesa que se trata de una «carta de amor a todos los libros de vampiros que he leído una y otra vez durante mi juventud». La autora toma una criatura archiconocida, así como la leyenda construida a su alrededor —el glamur, la Europa de los años veinte, la lujuria—, y la traslada al ambiente sórdido y podrido característico de sus novelas.

Aprovecha, además, para reflexionar sobre la muerte, como es pertinente en historias de vampiros. Sin embargo, La chica más fría de Coldtown constituye una obra original dentro del subgénero debido a la discordancia que genera el choque entre el mito y un siglo XXI decadente y despojado de encanto. Lejos de recrearse en el romance, Black pone la atención en la tensión creada por el miedo y los límites de la moralidad, y nos sorprende de esa manera tan característica suya con un final inesperado que nos deja más que satisfechos.

Si bien nos ha resultado algo larga, la novela se lee rápidamente. Cabe alabar la excelente traducción de Jaime Valero Martínez, que nos ha permitido leer la mayor parte de la obra de Holly Black en España y que nos traslada con maestría a ese limbo mágico en el que las palabras se transforman en imágenes. Si estás buscando una novela de vampiros poco habitual, desde El Templo te recomendamos que le des una oportunidad a esta historia.