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Entrevista a...

Bruno Puelles

El Templo #94 (junio-julio 2023)
Por Elena Romero
466 lecturas
Bruno Puelles es novelista y dramaturgo. Finalista del Premio Minotauro 2020 y 2022 y ganador de un Ignotus, suele escribir fantasía oscura. El ciclo de vida de la mariposa nocturna, La ciudad de los mil ojos o Las tres despedidas de Georg Kahn son algunas de sus últimas novelas publicadas.

 

¿Cómo empezó tu pasión por la literatura? ¿Recuerdas cuándo decidiste ser escritor?

No fue una decisión consciente: mi madre me contaba historias desde pequeño y fue muy natural para mí empezar a inventarlas incluso antes de saber escribir, ya fuera jugando o haciéndolo con ella. Cuando aprendí a escribir fue también muy natural pasar a papel esas historias. No ha habido una época de mi vida en la que no estuviera inventando historias.

Recuerdo que esos cuentos solían tratar de cosas de mi mundo, protagonizadas por niños que se pareciesen a mí o animales que hablaban.

¿Y cuándo empezaste a escribir con más disciplina?

Son recuerdos tan antiguos que me resulta difícil poner una fecha. Tendría seis o siete años. Escribía en cuadernos algunos cuentos que también ilustraba o directamente elaboraba en formato cómic. Recuerdo también escribir en el ordenador de mi padre, aunque no sabía utilizar la barra espaciadora y me salían palabras larguísimas.

Hay algo a lo que sí puedo ponerle fecha. Con nueve años, me regalaron un cuaderno rojo de tapa dura muy bonito. Fue ahí cuando me senté a escribir historias más allá de dos o tres páginas. Tengo el cuaderno todavía. No solo fue la primera vez que escribí algo de más extensión, también lo leyó alguien que no era de mi familia.

Verás, en el trayecto de mi casa al colegio pasaba por delante de un kiosko. Cuando me bajaba del autobús, si tenía dinero, me compraba allí un regaliz o algo. A la dueña le llamé la atención, me daba siempre conversación, y entonces yo aprovechaba para contarle mis historias; era tan pequeño que recuerdo que tenía casi que trepar al mostrador para poder verla.

Le conté que me habían regalado ese cuaderno rojo y mostró su interés. Cuando acabé la historia de la que le hablé, se la llevé para que la leyera. Y ella tuvo la gran amabilidad de hacerlo.

Te apasiona el teatro. Enseñas, diriges, escribes... Recientemente se ha revelado que el 21 de julio estrenarás en Avilés TIC TAC, una obra inspirada en Peter Pan, que se enmarca en las actividades del Celsius 232. ¿De qué manera te ayuda como escritor de narrativa esta faceta?

Al final, tanto la narrativa como el teatro son formas de contar historias. Lo hacen a través de diferentes vías, pero en esencia es lo mismo. Como novelista, trabajar en el ámbito teatral me ha ayudado en dos cosas. En primer lugar, a trabajar con diálogos. El teatro me ha ayudado a fijarme en la naturalidad y en darle una voz característica a los personajes. Al principio no era tan consciente de ello y escribía diálogos mucho más artificiales. Aunque con esto no quiero decir que en las novelas escribamos como se habla, porque no es así.


La otra cosa es fijarme mucho en la estructura. En ese sentido, el teatro es menos maquillado y vestido que la novela. Ves más el esqueleto, es más esencial. Si la estructura no está bien elaborada, no mantienes la tensión dramática. Aprender a escribir teatro me ha ayudado a planificar.

Das clase principalmente a niños. Tu cariño hacia ellos es perceptible también en tu obra. Pudimos comprobarlo, por ejemplo, en El ciclo de vida de la mariposa nocturna (Espiral, 2021) con el personaje de Moira o en la novela infantil Siete días en un planeta desconocido (Dilatando Mentes, 2019). Como escritor, ¿qué es lo que te lleva a interesarte tanto por ellos?

No lo había pensado... El otro día, una de mis alumnas hizo un comentario que voy a guardar con mucho cariño: que de mi clase le gustaba que les dejase decidir. Y yo le respondí que es muy fastidioso cuando se es un niño y todo el tiempo se te dice lo que tienes que hacer. En clase de teatro no quiero decidir por ellos qué historias tienen que contar, sino darles herramientas para hacer comprensibles las suyas.

Ella me dijo que debía acordarme muy bien de cuando era un niño. Me quedé pensando en ello y creo que es verdad. A lo mejor es por eso que me gusta escribir para niños. Por otro lado, me fascinan sus ocurrencias, su imaginación, su fantasía desbordante... Nunca te aburres con ellos.

Concierto para orquesta invisible (Editorial Tandaia, 2017) fue tu primera novela. ¿Qué le dirías a ese Bruno debutante ahora, echando la vista atrás?


Le diría que es una carrera de resistencia. Que no aprendes todo y que no te sale todo a la primera. Que siga intentándolo.

Es frustrante sentir que tienes una fecha de caducidad. Por ejemplo: «Ay, tengo veintidós años y no he publicado y hay gente que sí»... Verlo así lo único que hace es que dejes de disfrutar de algo que debería hacerte feliz.

El tiempo que estás invirtiendo en tu pasión no es tiempo perdido. Es tiempo de aprendizaje. Las historias que escribes y no van a ninguna parte te están enseñando a escribir. Es como cualquier otra cosa: nadie espera que te sientes ante un piano y escribas una sinfonía de primeras. Cuando alguien aprende a dibujar, todo el mundo asume que habrá una progresión. Sin embargo, con escribir, se asume que es cien por cien talento. Es una forma muy poco realista de verlo.

Tu novela Simbiosis (Minotauro, 2022) quedó finalista en el Premio Minotauro. ¿Cómo es tu relación con los premios literarios? ¿Alguno al que te hayas presentado últimamente? ¿Alguno que te haría ilusión ganar?

Recientemente, La ciudad de los mil ojos ganó el Premio Kelvin a Novela Juvenil Nacional publicada en 2023, y es un premio que me ha hecho muchísima ilusión, porque todos los años hay entre los finalistas y ganadores de los Kelvin novelas que me encantan. Así que es un honor tremendo que la mía esté entre ellas, más aún teniendo en cuenta que todos los finalistas de este año han sido libros chulísimos. Y El ciclo de vida de la mariposa nocturna cursiva ganó en 2022 un Ignotus, que es un premio que otorgan los lectores. Me pareció increíble. Al verla como una novela un poco rara o atípica, no me esperaba que la gente fuera a leerla y a decidir que era una de sus mejores lecturas del año.


El protagonista de El ciclo de vida de la mariposa nocturna, Konstantin, es un joven frágil que por su enfermedad siempre tiene la muerte presente. Como lectores, podemos percibir cierta debilidad hacia él. ¿Qué personajes suelen interesarte más?

Me gusta cuando los personajes son vulnerables. No tienen que serlo durante todo el rato, pero sí de alguna manera.

La ciudad de los mil ojos (Puck, 2022) nos gustó mucho, tanto que fue finalista en nuestros últimos Templis. En ella encontramos algunos elementos oscuros. Varias de tus obras parecen estar bordeando el terror. ¿Planeas adentrarte próximamente por caminos más oscuros, o está bien así?

Creo que prefiero que haya algunos elementos y ya está. Intenté escribir terror en Marea Oscura (Editorial Premium, 2021) e incluso lo presenté a un concurso de novelas cortas de terror (¡y quedó finalista!). Aun así, diría que se trata de una fantasía oscura, inquietante, no estoy seguro de que sea exactamente terror...

 

Tanto en La ciudad de los mil ojos como en Las tres despedidas de Georg Kahn (Puck, 2023) hay demonios, siempre estrechamente ligados a los humanos. ¿En qué leyendas, historias y mitos te inspiras para crear tus propios demonios? ¿De dónde viene tu fascinación por ellos?

La premisa de La ciudad de los mil ojos se me ocurrió cuando estaba en Venecia. Vi la escalera de un embarcadero, que emergía del agua de los canales y se me cruzó un pensamiento: parecía para que alguien o algo saliera del agua. Me pregunté qué criatura podría vivir en el canal y enseguida se me ocurrieron los demonios acuáticos de la novela. Podrían haber sido sirenas, pero hay ideas que se presentan muy claras de pronto...

 

Estos demonios son completamente inhumanos, son superiores a nosotros y no les interesamos demasiado. Me inspiré para crearlos en los dioses de El viaje de Chihiro (2001). Tratan con los humanos, pero son peligrosos para nosotros. Sus formas de actuar son demasiado diferentes a las nuestras. Los monstruos que aparecen en Georg Kahn, en cambio, son muy humanos.


La Serena/Venecia en La ciudad de los mil ojos, Ciudad Blanca/Viena de la Belle Époque en Las tres despedidas de Georg Kahn, lo onírico e inquietante de El Otro Lado en El ciclo de vida de la mariposa nocturna... Las ambientaciones son muy importantes en tus historias. ¿Cómo te documentas para transmitírselas a lector?

En los dos primeros casos, tuve la suerte de viajar hasta los lugares en los que se ambientada, con ambas historias planeadas, para terminar de hilar algunos detalles, empaparme de la atmósfera y arrancar a escribir la novela. Poder documentarme en el sitio fue una experiencia nueva que me gustó muchísimo. Comprobar lugares, trayectos, callejear por la ciudad, entrar en los edificios... Estar allí fue muy emocionante e inspirador. Empecé a escribir La ciudad de los mil ojos en una habitación cuya ventana daba directamente al agua.

En Las tres despedidas de Georg Kahn quise hacer lo mismo, sobre todo para informarme de la parte de cultura de los cafés, de los distintos sitios en los que se iban a reunir los protagonistas. Uno de ellos es aspirante a escritor. En el fin del siglo XVIII, Viena era uno de los centros culturales europeos. Hay mucho movimiento de reuniones artísticas y filosóficas. Todos discutían sobre sus proyectos, leían el periódico y comían tarta. Durante buena parte del libro, los protagonistas se dedican a merendar por Viena, y yo escribí el primer capítulo en un café precioso, entre conversaciones, con un piano de fondo.

En El ciclo de vida de la mariposa nocturna, me inspiraba en sitios que conocía muy bien. El colegio que aparece estaba basado en mi colegio, el parque era mi parque. Para escribir simplemente echaba mano a mis recuerdos y a lo que sentía al encontrarme en esos lugares.

En 2019 creaste la revista Opportunity, que pertenece a Pórtico (la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror). ¿Qué progreso has notado en los últimos años en la literatura de género en España? ¿Qué obras juveniles de autores nacionales recomendarías a alguien que quiere adentrarse en ese mundo?

La literatura de género habla de la actualidad, pero desde otra óptica. Para mí, la fantasía es un género muy amplio. Hay novelas que no se consideran fantásticas, pero tienen elementos que sí lo son. En la literatura infantil y juvenil, eso está muy presente, aunque también ocurre en la adulta.

La última novela juvenil (bueno, middlegrade) de autora nacional que he leído y que me encantó fue Los viajeros de sueños (La Galera, 2022) de Marina Tena Tena. Me encantó como hilaba la realidad con lo fantástico, lo emocionante de la historia y, ¡claro!, lo bien que escribe Marina.


Eres activo en redes sociales, sobre todo en Twitter. ¿Qué cosas buenas te ha aportado la comunidad de LIJ española en los últimos años?

Lo más importante es que he hecho un montón de amigos. Escribir sería para mí muy solitario si no estuviera en contacto tanto con otros lectores como con otros escritores. Las redes sociales son una vía muy útil para crear comunidad.

Por último, ¿podrías adelantarnos algo de tus próximos proyectos literarios?

Voy a escribir otra novela ambientada en una ciudad europea, en la línea de La ciudad de los mil ojos y Las tres despedidas de Georg Kahn. Todavía no he decidido en qué ciudad... Estoy barajando tres opciones. Además, ya he hecho guiños de esos lugares en las dos novelas anteriores. Tengo que sentarme y escribir con calma, ver cuál me llena más. Es que quiero que la historia y su parte fantástica estén muy ligadas a la historia de esa ciudad.

¡Muchas gracias por tus preguntas y por tu tiempo, Bruno! Esperamos que hayas disfrutado la entrevista.

¡Gracias a vosotros!